El año pasado, muchas pymes españolas cometieron el error de no adaptarse a Verifactu antes de que acabara el año. Entonces, como ahora, el calendario avanzaba con advertencias claras. Y, aun así, miles de pequeñas empresas optaron por esperar. Hoy, con esta normativa en el horizonte inmediato, el patrón amenaza con repetirse.
Una historia que ya se ha visto antes
En procesos anteriores de digitalización fiscal en España, como el Suministro Inmediato de Información (SII) o los sistemas autonómicos de control, la reacción de muchas pymes fue similar: prudencia, dudas… y retraso. El resultado, según coinciden asesores fiscales y proveedores tecnológicos, fue una adopción precipitada en el último momento.
“Hubo empresas que en cuestión de semanas tuvieron que cambiar todo su sistema de facturación. Eso genera errores, estrés y costes innecesarios”, explican fuentes del sector. Con VeriFactu, advierten, el impacto puede ser aún mayor.
Un cambio estructural, no solo técnico
A diferencia de otros ajustes normativos, VeriFactu no se limita a introducir nuevas obligaciones formales. Supone una transformación en la forma en que las empresas generan y gestionan sus facturas.
El sistema exige:
- Registros inalterables
- Trazabilidad completa
- Integración con los sistemas de la Agencia Tributaria
Esto implica, en la práctica, que muchos programas actuales —incluidas soluciones básicas o desarrollos propios— quedarán fuera de juego.
A pesar de ello, una parte del tejido empresarial sigue instalada en la cautela. “Todavía hay quien piensa que habrá retrasos o que no les afectará directamente”, señala un consultor especializado en transformación digital. “Pero esa estrategia ya ha demostrado ser arriesgada”.
El problema no es solo el cumplimiento normativo. Es también operativo. Cuando las adaptaciones se concentran en el último momento:
- Los proveedores tecnológicos se saturan
- Los precios pueden incrementarse
- Las implantaciones se hacen sin margen de prueba
- Y, en consecuencia, aumentan los errores.
El factor humano: el gran olvidado
Más allá de la tecnología, expertos coinciden en señalar un punto crítico: las personas. La introducción de nuevos sistemas de facturación requiere formación y adaptación interna. Sin ella, los fallos son frecuentes:
- Facturas mal registradas
- Procesos duplicados
- Uso incorrecto de las herramientas
“Muchas empresas compran el software adecuado, pero no preparan a su equipo. Ahí empiezan los problemas”, advierten. Otro de los elementos que complica el escenario es que VeriFactu no es un cambio aislado.
En paralelo, España avanza hacia la factura electrónica obligatoria en operaciones entre empresas (B2B), lo que obligará a muchas pymes a transformar de nuevo sus sistemas en los próximos años. Esto plantea una cuestión estratégica: adaptarse una vez… o tener que hacerlo dos.
Frente a quienes apuran los plazos, otras empresas han optado por anticiparse. Son, en muchos casos, pymes que han aprovechado el contexto para digitalizar procesos, automatizar tareas administrativas e integrar contabilidad y facturación
“No se trata solo de cumplir con Hacienda”, apuntan desde el sector tecnológico. “Se trata de trabajar mejor”.
El despliegue de VeriFactu marca un nuevo capítulo en la relación entre empresas y administración tributaria, cada vez más digital y automatizada. Para las pymes, el reto no es únicamente adaptarse, sino hacerlo a tiempo. Porque, como ya ocurrió en el pasado reciente, el coste de esperar puede ser mayor que el de actuar.
El mensaje que trasladan los expertos es claro: la ventana para prepararse sigue abierta, pero se estrecha. Y esta vez, a diferencia del año pasado, muchas pymes ya saben lo que ocurre cuando se deja para el final.
