Los recientes episodios de tensión geopolítica protagonizados por Irán han vuelto a encender las alarmas en la economía global. Aunque los enfrentamientos se desarrollan a miles de kilómetros, sus efectos se dejan sentir con rapidez en países como España, especialmente en el tejido empresarial más vulnerable: las pequeñas y medianas empresas.
Un efecto dominó en los costes energéticos
Uno de los impactos más inmediatos de los conflictos en Oriente Medio es la subida del precio del petróleo. Irán, actor clave en la región, influye directa o indirectamente en el mercado energético global. Cuando aumentan las tensiones, los precios del crudo tienden a dispararse.
Carlos Díaz Lacaci, CEO de SotySolar, analiza el potencial de las renovables (especialmente la fotovoltaica y la aerotermia) y su ventaja competitiva, que no solo nos protege ahora frente a precios de la energía marcados por los combustibles fósiles, sino que aportan una mayor independencia y garantía de suministro. Además, dar las claves para aumentar la electrificación y, sobre todo, el almacenamiento de la energía a través de baterías.
“El panorama energético global se encuentra en un estado de alta volatilidad tras los recientes ataques a Irán. Esta situación no es más que una consecuencia de la intensa dependencia global (europea y, por tanto, en España) de los combustibles fósiles que sólo en las horas posteriores ha disparado los precios del barril Brent un 10% y del gas licuado en +50% (tomando como valor la referencia europea, el TTF holandés).
El factor determinante de esta inestabilidad no es la producción de petróleo o crudo, sino la situación geoestratégica del conflicto y su proximidad al estrecho de Ormuz, por donde circula diariamente el 20% de la producción mundial de crudo (20MM de barriles). En el caso del gas líquido este efecto s amplifica por dos motivos: Qatar, productor del 20% del GNL mundial, ha suspendido la producción en su complejo de Ras Laffan; y las reservas europeas de gas se encuentran bajo mínimos, ya que empezamos el año con la mitad de reservas que el año anterior, acrecentando esta situación la circunstancia de que el corte de gas ha sido repentino y sin capacidad de reacción provocando una afectación mayor que en la crisis de Ucrania 2022, cuando el suministro de gas de origen ruso se vio comprometido pero el corte fue progresivo.
Y, ¿cuál es el impacto de esta situación en las empresas españolas?
- La más directa, subida del precio de los combustibles de forma inmediata; en la última semana, los precios del gasóleo han subido más de un 14%. Asimismo, los incrementos del precio de la luz y del gas puede repercutir hasta en un 25%—30% de la factura en el mercado residencial y una pulverización de los márgenes en industrias como consecuencia del encarecimiento de la energía, motor de su producción.
- Potencial retraso en la cadena de suministro de MMPP y manufacturados (no sólo combustibles) al estar comprometido el tránsito por el estrecho y el suministro a China, principal fabricante global.
- Subida de la inflación como consecuencia del impacto de las dos anteriores.
Y, aunque ya vemos las repercusiones a corto, para entender la verdadera magnitud del conflicto la clave es la duración de este.
«Sin poder precisarlo con exactitud, sí podemos entender que los mercados van a descontar las manifestaciones de Trump que anticipan que esta vez poco tiene que ver con los ataques de junio 2025 — puntuales y quirúrgicos — con lo que la continuidad de las actividades bélicas en la zona van a persistir en las próximas semanas con la consiguiente escalada de precios de la energía.
Frente a esta situación, como ya vivimos en el pasado reciente (guerra de Ucrania, precios con máximos históricos durante 2022 y 2023, apagón de mayo 2025…), el autoconsumo se revela como un escudo energético que garantiza la independencia energética para el cliente residencial o industrial aportando:
- Reducción de costes directos: reduces tu factura de electricidad al generar y almacenar tu electricidad en casa o industria de una forma sostenible.
- Protección de márgenes: atenuando la fluctuación de precios de energía las empresas consiguen que su actividad esté asegurada. Se estima que una empresa reduce su exposición a la volatilidad entre un 40% y un 60&
- Por último, cabe destacar que, en este contexto de altos precios de la electricidad, la rentabilidad de instalaciones fotovoltaicas se dispara. La amortización de estas instalaciones se puede reducir hasta la mitad pasando, por ejemplo en el caso de una vivienda, de 5-6 años a 3 años”.
