Mariposas, conejos… y vientos distantes: cine mexicano de hoy
▲ Fotograma de Violentas mariposas, de Adolfo Dávila
N
o es casual que los actuales estrenos de cine mexicano aparezcan como un reflejo del malestar que sufre el país desde hace ya algunos años: violencia, corrupción, ilegalidad, desconfianza, incertidumbre y más. Si descontamos ese dizque cine moderno de comedia; baratijas escapistas comerciales para un público abúlico que sólo quiere reírse de su propia ignorancia y dejar de lado todo aquello que sucede a su alrededor: ¿Quieres ser mi novia? o Socias por accidente, ambas dirigidas por la misma Ihtzi Hurtado, los filmes nacionales de reciente estreno apuntan hacia ese horror día a día más palpable.
Por supuesto, el cine documental mexicano que se encuentra en el extremo opuesto de las citadas, se sumerge también en esa desazón y descontento de buena parte de la población, como muestran los relatos de claro espíritu feminista: Llamarse Olimpia, de Indira Cato, y Rebeladas, de Andrea Gautier y Tabatta Salinas, que revisa las aportaciones del “colectivo cine mujer” y la brecha que abrieron, o Mi no lugar, de Isis Ahumada sobre el desarraigo y las desigualdades sociales que sufre buena parte de la juventud de hoy (las tres se exhiben en Cineteca Xoco y la UNAM).
Al igual que la cinta de acción Venganza, de Rodrigo Valdés, otros relatos en cartelera intentan (sin conseguirlo) realizar una crítica a la demencial sociedad actual y a los métodos de justicia y de seguridad en nuestro país. Violentas mariposas, de Adolfo Dávila, abre de manera atractiva para sumergirse en las expectativas de los nuevos jóvenes universitarios donde el toquín punk, las drogas, las protestas juveniles y el grafiti cobran sentido en su particular visión del mundo. El filme condensa, de algún modo, obras previas de espíritu similar: ¿Cómo ves?, Cumbia callera, Güeros, La diosa del asfalto y otras; no ésta mal, lo que sí resulta fallido es su afán por concentrar en los personajes toda una serie de calamidades que –una vez más– son la reverberación de la nación entera.
El protagonista (Alejandro Porter), estudiante de filosofía y grafitero, es hijo de un periodista recién asesinado. Para él no existe el diálogo sino la acción violenta. Después, entabla una relación con una cantante punk que además es abogada defensora de derechos humanos (Diana Laura Di) y que al sufrir un ataque sexual por unos “tiras” (entresacados del cine de los 80), ambos concluyen que la violencia es el único camino ante la fallida impartición de justicia mexicana.
Tanto en Violentas mariposas como en Psicópata: El asesino del conejo blanco, de J. Xavier Velasco, arden automóviles y la sangre es moneda corriente. Y, con todo y su correcta manufactura fílmica (notable trabajo fotográfico, eficaz montaje, diseño sonoro muy pulido), sus tramas y conclusiones no están muy alejadas de un capítulo extendido de La rosa de Guadalupe o similares. En esta última, prevalece la parafernalia del asesino en serie (real y ficticio), con obvias referencias a Búfalo Bill de El silencio de los inocentes (Jonathan Demme, 1991) en el personaje que encarna Hoze Meléndez, y a Clarice Sterling en el interpretado por Adriana Llabrés.
No sólo eso: propone toda una serie de siques descompuestas: personajes traumados emocionalmente, físicamente enfermos (Andrés Almeida) e incluso una mujer policía que sufre de personalidad múltiple. Esto, en una suerte de thriller sicológico que incluye asesinatos en serie y pederastia que evade toda reflexión social y política al respecto en aras de un espectáculo fílmico al estilo de Hollywood con un toque nacional. En ese sentido, vale la pena destacar una película mexicana exhibida fugazmente en el cine Regis que formaba parte del primer Concurso de Cine Experimental en 1964, donde obtuvo el cuarto lugar.
En El viento distante/Los niños debutaban, en los tres episodios que lo conformaban, los directores: Salomón Laiter, Manuel Michel y Sergio Véjar, inspirados respectivamente en los relatos de José Emilio Pacheco: En el parque hondo y Tarde de agosto y Encuentro, de Sergio Magaña. La experiencia infantil y los misterios de la niñez con toda su magia, miedo y crueldad. La humillación y el desmoronamiento de las ilusiones adolescentes y un fallido idilio juvenil como escape a la violencia y la represión familiar cotidiana en otro filme mexicano de un contexto muy diferente, éste sí: inquietante, sensible y devastador.
El viento distante se proyecta este martes 24 en la sala 4 de Cineteca Xoco, a las 18 horas. Entrada libre cortesías en taquilla 1.
Violentas mariposas y Psicópata. El asesino del conejo blanco: Cinépolis y Cinemex.
