▲ En diciembre pasado, el brazo robótico enfrentó a cuatro jugadores y derrotó a tres.Foto Ap
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Periódico La Jornada
Jueves 23 de abril de 2026, p. a12
Un robot que maneja una raqueta es tan hábil jugando al tenis de mesa que supone un duro desafío para los jugadores humanos de élite y, en ocasiones, incluso los ha derrotado, según un nue-vo estudio que muestra cómo los avances en inteligencia artificial (IA) están haciendo que los androides sean más ágiles.
Sony, el gigante japonés de la electrónica, construyó un brazo robótico y lo enfrentó a atletas profesionales. Ace, como lo llamaron, demostró ser un digno adversario, aunque con algunas características no humanas: nueve cámaras ubicadas alrededor de la cancha y una asombrosa capacidad para seguir el logotipo de la pelota y medir su efecto.
El robot pudo practicar este deporte utilizando el método de inteligencia artificial conocido como aprendizaje por refuerzo.
Para llevar a cabo los experimentos, Sony construyó una cancha de tenis de mesa de tamaño olímpico en su sede de Tokio para que los atletas profesionales y otros deportis-tas de alto nivel compitieran en igualdad de condiciones con la máquina.
Ace, diseñado a medida, cuenta con ocho articulaciones que dirigen sus movimientos, o grados de libertad, lo que le permite posicionar la raqueta, ejecutar golpes y responder con rapidez a los intercam-bios de su oponente.
“La velocidad es realmente uno de los aspectos fundamentales de la robótica actual, especialmente en escenarios o entornos que no son fijos”, dijo Michael Spranger, presidente de Sony AI, en una entrevista.
Spranger afirmó que dicha tecnología podría desempeñar un papel importante en la manufactura y otras industrias. Además, no es difícil imaginar cómo un hardware tan rápido y de alta capacidad de detección podría utilizarse en la guerra.
Lograr la paridad con los humanos es un desafío.
Spranger señaló que era importante que los investigadores no le dieran al robot una ventaja demasiado injusta y que su velocidad, alcance y rendimiento fueran comparables a los de un atleta experto que entrena al menos 20 horas a la semana.
“Es muy fácil construir un robot de tenis de mesa sobrehumano”, indicó Spranger. “Se construye una máquina que absorbe la pelota y la lanza mucho más rápido de lo que un humano puede devolverla. Pero ese no es el objetivo aquí. La me-ta es lograr cierto grado de comparabilidad y equidad con el humano”.
Sony no es la primera en abordar el tema de los robots en el tenis de mesa. John Billingsley fue pionero en 1983 con un artículo titulado Robot ping-pong. Más recientemente, la división de investigación de IA de Google, DeepMind, también se ha adentrado en este deporte.
Y si bien es impresionante, Billingsley subrayó que las capacidades de visión artificial y detección de movimiento de Sony hacen que sea difícil para un ser humano con dos ojos tener alguna posibilidad.
“No quisiera restarle mérito al logro, pero abordaron la tarea en grupo y utilizaron técnicas brutales”, declaró Billingsley.
Sin embargo, añadió que esto refuerza la lección de que “el verdadero progreso surge de las competencias, ya sea que impliquen golpear una pelota o poner un pie en Marte.”
Los tenistas profesionales japoneses Minami Ando y Kakeru Sone estuvieron entre los que compitieron contra el robot de Sony. Dos árbitros de la Asociación Japonesa de Tenis de Mesa dirigieron los partidos.
Los investigadores de la compañía japonesa continuaron experimentando y afirmaron que Ace aceleró la velocidad de sus golpes y jugó de forma aún más agresiva y cerca del borde de la mesa.
En diciembre, Sony informó que Ace se enfrentó a cuatro jugado-res de alto nivel, derrotando a tres de ellos.
Otro experto, Kinjiro Nakamura, quien compitió en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, declaró a los investigadores tras obser-var a Ace ejecutar un tiro: “Nadie más habría sido capaz de hacer eso. No creía que fuera posible”.
Pero el hecho de que el robot lo haya logrado ahora “significa que existe la posibilidad de que un ser humano también pueda hacerlo”, dijo en declaraciones publicadas en el artículo de Nature.
