▲ Se estima que en el país africano hay 3 mil personas con amputación de extremidades inferiores.Foto Ap
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Periódico La Jornada
Jueves 7 de mayo de 2026, p. a12
Kigali. Futbolistas amputadas en Ruanda golpean sus muletas entre sí mientras persiguen un balón, pero también un sueño más grande: competir a escala mundial. A un costado de la cancha, niñas y niños gritan de emoción al ver a una portera lanzarse para detener un disparo con su única mano.
El futbol para amputados, una modalidad de siete contra siete en la que los jugadores de campo se desplazan con muletas y los porteros tienen un solo brazo, ha crecido de forma constante en Ruanda durante la última década. Quienes lo practican, aseguran que han encontrado en la cancha una comunidad, al integrarse a un deporte que muchos nunca imaginaron poder jugar. Para varios, representa no sólo rehabilitación física, sino también un sentido de pertenencia.
En Kigali, la capital, personas amputadas practican este deporte como una forma de sanar y reconstruir el tejido social tras distintos traumas, incluido el periodo más oscuro del país: el genocidio de 1994, en el que cerca de 800 mil tutsis y hutus moderados fueron asesinados por un grupo extremista de hutus en apenas 100 días.
Nyiraneza Solange nació dos años después del genocidio y perdió la pierna a los cinco años tras una caída que derivó en una infección. Cuenta que la resiliencia de quienes sufrieron amputaciones durante el genocidio la motivó a acercarse a este deporte. Un ex entrenador del primer equipo nacional de futbol para amputados la animó al decirle que podía jugar usando muletas, lo que la ayudó a dejar atrás el miedo.
“No pienso en que me falta una pierna”, dijo Solange, al explicar que se siente libre cuando juega y que ha logrado superar el estigma de vivir con una amputación.
Se estima que en Ruanda hay más de 3 mil personas con amputación de extremidades inferiores. Algunas son sobrevivientes del genocidio; otras perdieron un miem-bro a causa de accidentes de tránsito o enfermedades.
Louise Kwizera, vicepresidenta de la Federación de Futbol para Amputados de Ruanda, señaló que este deporte ayuda a los jugadores a volver a confiar y a fortalecer la unidad en una sociedad que “alguna vez estuvo dividida. En comunidades afectadas por conflictos o traumas, la cancha se convierte en un espacio de paz. Personas con historias distintas se unen como compañeros de equipo”, declaró a The Associated Press.
Ruanda busca participar el próximo año en la segunda Copa del Mundo femenil para amputados, torneo por invitación que podría celebrarse en Polonia o Brasil. En la primera edición, realizada en 2024, el país estuvo representado por una sola jugadora.
Este deporte, regulado por la Federación Mundial de Futbol para Amputados, se practica en más de 50 países. Actualmente, Ruanda cuenta con cinco equipos femeniles y 10 varoniles.
Fred Sorrels, responsable del conjunto femenil de futbol para amputados de Haití, quien visitó Ruanda para apoyar el desarrollo del programa local, expresó su respaldo para que el país sea sede de una Copa del Mundo, aunque el ministerio de Deportes aún no ha presentado una candidatura formal.
Sorrels destacó los beneficios de esta disciplina: “Es una ganancia sicológica y mental para estas mujeres tener la oportunidad de volver a sentirse plenas y saludables”.
Gilbert Muvunyi Manier, director general de desarrollo deportivo del ministerio de Deportes de Ruanda, describió este deporte como una herramienta poderosa para la sanación, la reconciliación y la cohesión social.
Las jugadoras también reconocen las dificultades propias del juego. “Es difícil detener el balón cuando va hacia el lado donde tienes menos alcance”, explicó la portera Nikuze Angelique, quien, al igual que Solange, destacó el sentido de comunidad que ha encontrado en la cancha.
Al terminar un partido, mientras las jugadoras se tomaban fotografías, Angelique expresó su esperanza de que el equipo logre llegar a la Copa del Mundo: “Será un sueño hecho realidad”.
