Entre Teruel y Castellón hay un territorio de montañas, carreteras llenas de curvas y pueblos de piedra que mucha gente conoce de pasada, pero donde merece la pena parar unos días. Es el Maestrazgo, una comarca histórica que se extiende a ambos lados de Aragón y la Comunitat Valenciana y que todavía conserva una forma de viajar mucho más tranquila que en otros destinos del interior peninsular.
Aquí no hay grandes ciudades ni planes con prisas. Lo normal es enlazar un pueblo con otro, parar en un mirador porque el paisaje lo pide o desviarse unos kilómetros para llegar a un río, unas pasarelas o un castillo en lo alto de una cima. En pocos kilómetros cambian el paisaje, la vegetación y hasta la luz, pero todo mantiene una misma personalidad, con pueblos pequeños, mucha piedra, naturaleza bastante salvaje y una historia que aparece constantemente en iglesias, murallas y fortalezas.
