Alpha “honraba a personas a las que muchos ni siquiera miraban de frente”: Tahar Rahim
▲ Fotogramas de Alpha, que se estrenó en México en salas comerciales. En las imágenes, los actores Golshifteh Farahani y Tahar RahimFoto
Sophie Monks Kaufman
The Independent
Periódico La Jornada
Domingo 7 de junio de 2026, p. 6
Durante un tiempo, Julia Ducournau fue conocida como la nueva gran figura del terror corporal francés. Su debut Raw, presentó una alegoría del canibalismo como expresión del deseo sexual, mientras Titane exploró los asesinatos en serie y la soledad familiar a través de la historia de una mujer que tiene sexo con un automóvil.
Cuando Ducournau volvió este año a la competencia de Cannes con Alpha, cuatro años después de ganar la Palma de Oro por Titane, muchos críticos esperaban otra fábula sangrienta. Sin embargo, encontraron un monumento emocional sobre la experiencia de amar a alguien atrapado en un cuerpo que se deteriora y enfrenta el rechazo social.
Tahar Rahim, uno de los protagonistas de la película que se estrenó en México en salas de la Cineteca Nacional y otras de circuito comercial, también percibió ese cambio desde el guion. “Sentí una dimensión emocional que era nueva en su cine”, cuenta.
Alpha habla sobre una familia franco-bereber, la historia retrata el quiebre en la relación entre una madre (la iraní Golshifteh Farahani) y su hija adolescente, Alpha (Mélissa Boros), en medio del regreso del tío Amin (Rahim), un adicto que vive con un virus que lo consume lentamente, el que recibe un nombre, aunque la ambientación en las décadas de 1980 y 1990 remite al sida.
La película muestra a las personas enfermas desde la mirada de quienes todavía son capaces de ver su grandeza. “(Julia) honraba a personas a las que muchos ni siquiera querían mirar de frente”, dice Rahim, al referirse a una de las mayores rupturas de la película con el realismo tradicional.
En Alpha, “les hablaba a todas esas personas que hemos perdido, o a quienes tienen algún familiar que murió de sida u otras enfermedades, y les decía: ‘No olvidamos que los vimos’”, continúa Rahim. “Al convertirlos en mármol, un material noble que se usa para esculpir reyes y figuras religiosas, ella estaba diciendo: ‘En mi película, permanecerán con nosotros para siempre’”.
Rodaje emotivo
Antes de iniciar un rodaje de dos meses en Normandía, Ducournau habló frente al elenco y el equipo técnico. “Les dije: ‘A nuestra edad, todos hemos atravesado traumas; no tiene sentido negarlo. Y espero que este rodaje les ayude, a través de los personajes y de las escenas que construiremos juntos, a canalizar ese dolor’”.
Ducournau asegura que fue el rodaje más emotivo de su carrera y recuerda que muchas personas lloraban entre toma y toma. Para ella, uno de los temas centrales de la película es el arrepentimiento. “Todos llegamos a este proyecto impulsados por deseos muy personales”, explica.
En el centro de esa exploración emocional están las interpretaciones de Golshifteh Farahani y Tahar Rahim, mientras que Boros, con su mirada observadora, absorbe el trauma de los adultos que la rodean.
“Cuando exiges tanto de tus actores y actrices, tanto emocional como físicamente (y en el caso de Tahar, en especial en lo físico) tienes que ser muy honesta con ellos”, explica Ducournau al recordar cómo se mostró vulnerable durante toda la producción.
“Tienen que entender cuáles son tus intenciones, de dónde viene tu dolor y qué significa este proyecto para ti. Todos me entregaron muchísimo, y yo también di el 100 por ciento. Fue una experiencia marcada por una enorme empatía.”
Rahim asegura que confió en Ducournau desde el primer día de rodaje y que se entregó al proceso hasta el punto de perder, en ocasiones, la noción de la realidad. El actor, ganador del premio César, siempre ha defendido el cine como una forma de arte y alcanzó reconocimiento internacional en 2+010 gracias a su papel protagónico en Un profeta, de Jacques Audiard. Desde hacía tiempo esperaba un personaje que le permitiera llevarse al límite.
“Tenía todo a mi favor para explorar algo nuevo, por fin”, afirma.
Rahim perdió 20 kilos para interpretar a Amin, aunque esa transformación física apenas marcó el inicio de una preparación que fue mucho más allá de lo que Ducournau le pidió. Como parte del proceso, colaboró como voluntario con una asociación llamada Gaia, que trabaja con personas marginadas, incluidas aquellas que enfrentan problemas de adicción.
“Me permitieron grabarlos en sus momentos más vulnerables. Conversé con ellos y compartí tiempo a su lado. Fui recogiendo partes de cada historia para construir el rompecabezas que terminó convirtiéndose en mi personaje. El resultado es el retrato de un hombre suspendido entre la vida y la muerte.
Ducournau escribió el papel de la madre, una médica, específicamente para la actriz franco-iraní Golshifteh Farahani. “Ella nació con una necesidad innata de cuidar a los demás”, dice Ducournau. “De ayudar a quien lo necesite, de no tener miedo de nadie y de quedarse al lado de las personas. Está hecha para eso. Y eso la lleva a extremos donde ya no puede dejar ir a nadie”.
Farahani vive exiliada de Irán desde 2008 y, tras la muerte de Mahsa Amini bajo custodia policial, respaldó las protestas de 2022 bajo el lema “Mujer, Vida, Libertad”. Ducournau la describe como “una guerrera que ha atravesado muchísimo; veo su lado más amable, pero también es una fuerza imparable cuando hace falta”.
Herida compartida
La fluidez temporal no parece ser un defecto accidental, sino parte esencial de la experiencia que Ducournau intenta construir. La directora lo explica: “Mi cine es muy subjetivo en la manera en que uso la cámara, en cómo trabajo el diseño sonoro; constantemente estás dentro de las percepciones de mis personajes”.
Ducournau sostiene que una estructura clásica nunca habría funcionado para esta historia. “No podía hacer una película lineal, estructurada en tres actos, cuando estamos hablando de personas que siguen viviendo con trauma y que, como Alpha, son víctimas de ese dolor”. Para ella, el trauma altera la percepción del tiempo: “La temporalidad del trauma es confusa. El pasado irrumpe constantemente, ya sea a través de visiones, alucinaciones o ataques de pánico. Puedes revivir una escena de golpe y sentirla con enorme intensidad, aunque haya ocurrido hace 10 o 20 años. Y al mismo tiempo quedarte atrapado en la angustia por el futuro, por miedo a que todo vuelva a pasar”.
Para Ducournau, internarse cada vez más en lo incómodo y lo oscuro no es una elección estética, sino una necesidad: la única forma de evitar que aquello que se reprime termine enquistándose. “Si niegas un trauma o reprimes una emoción, eso termina atravesando el tiempo y afectando a otras personas después de ti”.
La directora cree que esa dinámica opera tanto a nivel íntimo como colectivo. Por eso menciona la pandemia de covid-19 como ejemplo de una herida compartida que, a su juicio, nunca terminó de procesarse. Dice que el mundo volvió rápidamente a la normalidad “como si nada hubiera pasado, cuando en realidad pasó de todo.
“Todos atravesamos una situación anormal que llevó a muchísima gente a la depresión.”
Las experiencias traumáticas, por definición, rara vez pueden procesarse mientras ocurren. Muchas veces, la posibilidad de sanar aparece después, cuando existe suficiente distancia emocional y seguridad para revisarlas. En cierta forma, esa es la historia de Alpha y también la historia detrás de su creación.
Ducournau lo resume así: “La red emocional que construimos durante el rodaje creó un espacio seguro para que cada uno pudiera ser quien de verdad era”.
