▲ Fotograma de la película de ciencia ficción El día de la revelación, producida y dirigida por Steven Spielberg
A
l margen de que El día de la revelación pueda ser la película que más orgasmos le ha provocado a Jaime Maussan, esta cuarta incursión de Steven Spielberg en el tema de los extraterrestres ha sido tanto denostada por detractores como alabada como un retorno del director a su mejor forma.
Para quien esto escribe, no es lo uno ni lo otro. Es una película desigual, basada en un guion lleno de hoyos de David Koepp (a su vez, basado en un argumento del propio Spielberg). El asunto inicia de mala manera con una secuencia intencionalmente confusa, digna de un thriller de Netflix: un hombre, que resulta ser Daniel Kellner (Josh O’Connor) entrega un maletín, confiando que unos malvados hombres de negro le devuelvan a su secuestrada novia, Jane Blankenship (Eve Hewson, hija de Bono). El objeto codiciado por ambas partes es un chunche, a la postre revelado como de origen extraterrestre, que es el McGuffin de la película.
Al mismo tiempo, la meteoróloga Margaret Fairchild (Emily Blunt, en su mejor papel hasta ahora), después de mirarle a los ojos a un cardenal –el pájaro, se entiende–, desarrolla increíbles poderes telepáticos que le permiten hablar cualquier idioma (hasta el marciano).
Ambos personajes, Daniel y Margaret, son los iluminados de la historia y son típicas creaciones de Spielberg, en tanto son buenos e inmaculados poseedores de la verdad. El primero tiene un archivo completo de pietaje prohibido por todos los gobiernos gringos desde Nixon, pruebas fehacientes de la presencia de extraterrestres en nuestro planeta. Su misión será informar a todos los demás terrícolas de ese secreto. Y por lo tanto son perseguidos por una siniestra agencia gubernamental, empeñada en mantenernos ignorantes.
El día de la revelación es una consecuencia de las anteriores Encuentros cercanos del tercer tipo (1977), y su arribo espectacular de una nave estelar con sus ocupantes; E.T. el extraterrestre (1982), cuyo personaje titular es como una mascota tierna; y La guerra de los mundos (2005), primera visión de los extraterrestres como seres agresivos. En este caso, Spielberg enfoca otra cosa: las consecuencias sociales y religiosas, sobre todo, de cuando la humanidad tenga la certeza de que hay seres superiores ajenos a la divinidad.
En su película más católica desde Inteligencia artificial (2001), el cineasta se pregunta si esa verdad será susceptible de evitar la Tercera Guerra Mundial (como en El día que paralizaron la Tierra, de Robert Wise) y crear una nueva conciencia religiosa, compatible con los credos existentes.
Desde luego, hay secuencias inspiradas en el relato, en las cuales Spielberg refrenda su habilidad formal (por ejemplo, una larga persecución de los buenos a cargo de los hombres de negro). Sin embargo, tropieza nada menos que con la secuencia climática, desplegando la habitual chabacanería que ha afectado la mayor parte de su obra. Cuando los buenos llegan a una estación televisiva para difundir la verdad a todo el mundo, el realizador opta por lo obvio y no toma el camino de la sutileza o el misterio. ¿Qué tan inquietante y provocadora podría haber sido otra resolución, donde hubiera preferido no mostrar nada y dejarnos en suspenso?
El día de la revelación
D: Steven Spielberg/ G: David Koepp, basado en un argumento de Steven Spielberg / F. en C: Janusz Kaminski / M: John Williams / Ed: Sarah Broshar /Con: Emily Blunt, Josh O’Connor, Colin Firth, Eve Hewson, Colman Domingo / P: Amblin Entertainment, Dentsu, New Zealand Film Commission, Québec Film & TV Production Tax Credit. Estados Unidos, Canadá, Nueva Zelanda, Japón. 2026.
X: @walyder
