Da la sensación de que los veranos son cada vez más largos y calurosos, y salir a la calle se vuelve todo un sacrificio. Durante el día el calor es intenso y durante la noche cuesta encontrar alivio incluso con las ventanas abiertas. Es cierto que, cuando eso ocurre, la playa suele ser la primera alternativa que aparece en la mente de muchos. Pero no es la única.
Hay pueblos de montaña ideales para dormir tapados aunque sea con una sábana fina, salir a pasear después de cenar sin sentir que el aire sigue caliente o aprovechar el día sin tener que refugiarse constantemente en interiores. No es que haga frío, ni mucho menos, pero el calor al menos no lo ocupa todo.
