▲ Si bien México fue eliminado de la Copa, la fiebre mundialista sigue presente con serenatas y ovaciones espontáneas en las calles o a bordo de vuelos comerciales.Foto Roberto García Ortiz
Alberto Aceves
Periódico La Jornada
Miércoles 8 de julio de 2026, p. 5
La resaca de una Copa del Mundo se refleja en escenas cotidianas que nada tienen que ver con el futbol: serenatas a pie de calle con música de mariachi, pasajeros arremolinados en terminales aéreas buscando una foto, ovaciones espontáneas a bordo de vuelos comerciales antes del despegue. México fue eliminado en octavos de final por Inglaterra, pero en diversos lugares queda una mezcla de orgullo y gratitud entre los aficionados locales.
En Tabasco, un grupo de vecinos llevó un mariachi a las puertas de la residencia de Jesús Gallardo, quien jugó casi todos los partidos como titular y, en pleno descanso, dedicó varios minutos a firmar camisetas y postales a su comunidad.
A cientos de kilómetros de ahí, Luis Romo, autor del gol del triunfo contra Corea del Sur, coincidió en la sala de espera del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México con una pequeña multitud que lo despidió con muestras de afecto en su regreso a Guadalajara.
Decenas de usuarios vitorearon a Julián Quiñones, quien se consolidó como el goleador histórico del equipo mexicano en la cita mundialista con cuatro anotaciones (los mismos que Javier Hernández y Luis Hernández). El delantero de 29 años saludó a sus compañeros de asiento, agradeció las porras, los aplausos y abandonó la capital del país convertido en un auténtico héroe.
“Gracias por tu entrega, Quiñones”, se escuchó en los videos virales en redes sociales.
