Comprar un nuevo smartphone va a salir aún más caro de lo previsto. A la generalización del encarecimiento en los componentes se suma ahora un movimiento clave en la industria: Qualcomm subirá los precios de todos sus procesadores a partir del próximo 1 de septiembre.
Eso es lo que ha confirmado el director ejecutivo de la compañía, Cristiano Amon, en una información adelantada por la cadena CNBC. De este modo se materializan los rumores de la pasada semana, que ya apuntaban a un incremento de doble dígito en las tarifas.
El anuncio de la subida de precios no llega en un vacío estratégico, sino en plena presentación de resultados trimestrales. La firma ha comunicado una caída interanual del 20% en los ingresos de su división de telefonía móvil, marcando su nivel más bajo desde 2021.
Desde la compañía atribuyen este bache a “aumentos sin precedentes en los precios de la memoria y limitaciones en el suministro”, una crisis de materias primas que está asfixiando a todo el sector tecnológico —afectando desde consolas de videojuegos y ordenadores portátiles hasta componentes como las placas Raspberry Pi— sin que se atisbe una solución a corto plazo.
Lejos de asumir una reducción en sus beneficios, la multinacional ha optado por trasladar el coste al mercado.

Imagen promocional de Qualcomm.
Omicrono
En paralelo al incremento de precios, Qualcomm anticipa un cambio drástico en su relación con uno de sus clientes estrella.
La compañía prevé una “aceleración” en la caída de los ingresos procedentes de los productos de Apple, admitiendo abiertamente que su cuota de mercado en lo que respecta a los módems para la próxima generación del iPhone será “considerablemente menor”.
Para mitigar este impacto, la dirección confía en que el resto de sus líneas de negocio compensen la diferencia. El objetivo a medio y largo plazo de la tecnológica pasa por reestructurar su modelo económico sobre tres pilares: teléfonos móviles, centros de datos y automoción.
Prueba de esta transformación es el reciente acuerdo estratégico a diez años anunciado con BMW para suministrar chips destinados a sus vehículos, un sector que gana tracción mientras el negocio tradicional de la telefonía se contrae.
Según las previsiones internas de la firma —detalladas por el director financiero y de operaciones, Akash Palkhiwala—, en poco tiempo solo la mitad de los ingresos totales procederán de los teléfonos, reduciéndose a tan solo un tercio para el horizonte de 2029.
Mientras la transición se consolida, la presión sobre los costes ya está obligando a los fabricantes de equipos originales (OEMs) a buscar alternativas.
Según apuntó Palkhiwala durante la conferencia con inversores, algunas marcas ya han comenzado a utilizar chips de generaciones anteriores en sus nuevos lanzamientos para esquivar el encarecimiento de los componentes más punteros, evidenciando las dificultades que atraviesa la cadena de suministro global.
