Mi labor es poner a los boxeadores en su mejor versión física: Fernando Barrera
▲ El preparador físico narra que el pugilismo le atrajo a los 14 años gracias a las peleas de Julio César Chávez.Foto Fernando Guzmán
Fernando Guzmán
Periódico La Jornada
Martes 25 de agosto de 2026, p. a12
México es conocido como la tierra de los guerreros. Nombres como Julio César Chávez o Juan Manuel Márquez son sinónimo de gloria. Sin embargo, detrás de cada puño que hace historia en el boxeo, existe un equipo silencioso que los lleva a la victoria. En esa esquina estratégica destaca el preparador físico Fernando Barrera Medina, quien acompañó en el éxito a los ex monarcas Édgar Sosa y Marco Antonio Barrera.
A diferencia de un entrenador, que se enfoca en perfeccionar la técnica y crear la estrategia para explotar las habilidades de sus pupilos en el ring, el preparador físico tiene como encomienda guiar a los peleadores para que consigan el estado óptimo de fortaleza y agilidad.
“Mi rol como preparador es dejar a los boxeadores en su mejor versión física, enfocándose en su fortaleza”, explicó Fernando en entrevista con La Jornada desde el recinto de entrenamiento que creó llamado Ambar Gym en el oriente de la Ciudad de México.
Fernando se enamoró del pugilismo a los 14 años gracias a las peleas de uno de sus mayores referentes: Julio César Chávez. Más tarde, ya con un título como licenciado en administración de empresas turísticas, decidió dejar su carrera para dedicarse a preparar físicamente a jóvenes en su gimnasio con el conocimiento y experiencia pertinente.
Todo comenzó en 2001
Fernando Barrera Medina trabajó durante siete años en la esquina de Marco Antonio Barrera como preparador físico. Su relación inició gracias a un amigo que lo buscó para colaborar en la planificación de la pelea contra Naseem Hamed, el 7 de abril de 2001. En esa época, Marco fue considerado por la revista The Ring como uno de los mejores boxeadores libra por libra.
Los campamentos duraban dos meses en Big Bear, California, donde el aire de montaña acompañaba las jornadas extenuantes centradas en resistencia cardiovascular, fuerza explosiva, velocidad y agilidad. “Siempre lo preparé bien; cuando empecé con él hacía entre 100 y 150 abdominales diarias, pero conmigo llegó hasta mil 500”, recuerda Fernando.
“El 95 por ciento de las peleas en las que participé las ganamos. Contra Manny Pacquiao (el 15 de noviembre de 2003) no hubo una preparación correcta por problemas personales y ciertos estudios médicos de Marco. Siempre le dije que él bien preparado le ganaba sin problemas.”
Filosofía de entrenamiento
Parte del éxito de su trabajo radica en el enfoque que aplica en sus rutinas. Barrera señala que cuando inició no era tan común el trabajo en series ni el uso del gimnasio en el boxeo.
Antes de trabajar con un peleador analiza su rutina previa y, a partir de ello, incrementa progresivamente la intensidad.
Esas estrategias también las utilizó cuando acompañó a Édgar Sosa durante la última etapa de su carrera, después de una lesión en el rostro provocada por un cabezazo del filipino Rodel Mayol.
Aunque formó parte de la carrera de destacados boxeadores, Fernando decidió alejarse temporalmente del deporte para dedicarse por completo a la educación de sus dos hijas. Hoy, prepara su regreso a la esquina como integrante del cuerpo de entrenamiento de Jorge Ruso Ascanio.
