En el mapa de Francia, Colmar es solo un pequeño punto en el este del país, pero basta poner un pie en su centro para entender por qué es una de las ciudades más visitadas de la Alsacia. A medio camino entre Estrasburgo y Basilea, esta localidad de unos 70.000 habitantes combina historia, arquitectura y buen ambiente. Lo tiene todo para una escapada perfecta llena de encanto: calles adoquinadas, fachadas de colores, vinos reconocidos y una atmósfera que engancha por igual a locales y visitantes.
Fundada en el siglo IX, Colmar ha pasado por manos alemanas y francesas en distintas etapas, y ese vaivén se nota en cada detalle. Lo alemán se percibe en la precisión de sus edificios. Lo francés, en la elegancia con la que cuida cada rincón. Su casco histórico sobrevivió a los conflictos del siglo XX y hoy es un ejemplo impecable de cómo una ciudad puede conservar su patrimonio sin convertirse en un decorado.
