Berlinale: apertura histórica de cine afgano entre amor, política y resistencia
▲ Equipo de la cinta No hay hombres buenos con la realizadora Shahrbanoo Sadat al frente con una rosa roja.Foto Alia Lira Hartmann
Alia Lira Hartmann
Corresponsal
Periódico La Jornada
Viernes 13 de febrero de 2026, p. 9
Berlín. La 76 edición del Festival Internacional de Cine de Berlín, mejor conocido como Berlinale, arrancó ayer con una proyección dirigida por una joven cineasta de Afganistán, Shahrbanoo Sadat.
El nombre de un país como Afganistán genera de entrada una combinación de incomprensión y tal vez resignación política así como compasión por las mujeres que ahí siguen viviendo.
Aunque la película fue rodada en su totalidad en Alemania, Sadat viajó a Afganistán en 2021 tres meses antes de la entrada al poder de los talibanes para documentarse y acompañar a periodistas de un periódico local.
El título en inglés, No Good Men que podría traducirse como No hay hombres buenos, se presentó en la sección de Berlinale Special, que es una de las más importantes del festival y aunque los filmes de esta sección no entran en competencia por el Oso de Oro, muestra trabajos de géneros variados que invitan a la reflexión, enfocada también en la experiencia de la audiencia.
Discriminación a las mujeres
El filme alude en gran parte a la situación de extrema discriminación en sufren las mujeres en Afganistán desde la visión de una periodista que trabaja para una importante agencia de noticias en Kabul. La protagonista Naru, interpretada por la misma directora Shahrbanoo Sadat es una camarógrafa en Kabul en las semanas previas al retorno de los talibanes en 2021. Dentro de su trabajo, entrevista a numerosas mujeres que revelan la violencia intrafamiliar de que son víctimas, todas ellas expresan que “no hay hombres buenos en Afganistán”.
Las estrictas normas y expectativas para las mujeres están definidas desde la perspectiva patriarcal, la protagonista descubre en un compañero de trabajo apoyo, empatía y generosidad; se encuentra separada del padre de su pequeño hijo y la relación con su colega le permite mirar a la figura masculina desde otro ángulo.
El enfoque humano más que los conflictos políticos del país es el centro de la historia. Momentos de humor y tensión se combinan de manera armónica; las escenas que dieron la vuelta al mundo donde cientos de afganos desesperados trataban de subirse a un avión son conmovedoras. Se trata de una programación con contextos de países poco representados en el mundo.
La elección de una película de un país casi olvidado por el mundo como es Afganistán para inaugurar la Berlinale es parte del carácter político de este festival.
De hecho, la cineasta afgana comentó que su país no cuenta con industria de cine y el proceso creativo para ella fue también doloroso. “Llegué a Alemania hace cuatro años después de salir de mi país bajo condiciones traumáticas, lo primero que me obligaron a hacer aquí fue tomar un curso de alemán; fue muy difícil para mí pues una vez que llegué emergió toda la grave situación en que me encontraba”.
La estadunidense Tricia Tuttle, directora del festival, se presentó como moderadora en la conferencia de prensa y comentó para La Jornada sobre la elección de la película de apertura: “es un proceso muy complejo donde está involucrada mucha gente; hay muchas voces para tomar decisiones, en este caso es una combinación de un punto de vista político, pero es un filme que mueve muchas otras emociones, se trata de mostrar algo que tal vez no has visto en cine, también queremos sorprender al público”.
