Una estrategia que, además, permitirá a Europa ganar la carrera a Estados Unidos y a China. Para ello, el Ejecutivo comunitario movilizará 200 millones de euros para apoyar la inversión privada en tecnologías nucleares innovadoras.
Así lo ha confirmado la propia presidenta durante su intervención en una cumbre sobre energía nuclear organizada por el presidente francés Emmanuel Macron en París. “La carrera tecnológica nuclear ya está en marcha. Pero sabemos que Europa tiene todo lo necesario para liderarla“, ha asegurado la presidenta.
Entre los proyectos europeos más avanzados en ese sentido destacan el de Rolls-Royce en Reino Unido, el Nuward de EDF en Francia o el de la startup ítalo-francesa Newcleo, con su reactor de neutrones rápidos refrigerado por plomo.
Von der Leyen también aseguró durante su discurso que Europa cometió “un error estratégico” al dar la espalda “a una fuente fiable y asequible de energía en bajas emisiones”. Pero ¿qué son y cómo funcionan los pequeños reactores modulares que Bruselas quiere convertir en su gran apuesta energética?
300 MW por unidad
Los pequeños reactores modulares no son una tecnología nueva. El año pasado, Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, ya mostró interés en ellos ante la falta de suministro eléctrico y, actualmente, compañías como Google ya están invirtiendo en ellos para utilizarlos con la idea de alimentar sus centros de datos e infraestructuras de inteligencia artificial (IA) en EEUU.
Los SMR son reactores que aprovechan la fisión nuclear para producir energía, de forma similar a como lo hacen las centrales convencionales. Cuentan con una capacidad de hasta 300 MW por unidad, que representa entre una tercera y una cuarta parte de la potencia de los reactores tradicionales, y pueden producir hasta 7,2 millones de kWh al día.

Diseño preliminar de una planta nuclear de SMR de Rolls-Royce
Omicrono
A diferencia de las gigantescas centrales nucleares de siempre, los SMR ocupan una fracción de su espacio físico y pueden fabricarse en serie. Otra de sus claves es que sus sistemas y componentes se ensamblan en fábrica y se trasladan ya montados al punto de instalación, como si de un módulo prefabricado se tratara.
En cuanto a su funcionamiento, no difieren en lo esencial: utilizan la fisión nuclear para generar calor que, convertido en vapor, mueve las turbinas que producen electricidad, ya sea mediante agua o sales fundidas como refrigerante.
Modulares y más seguros
Lo que hace diferente a los SMR es que son más eficientes y, al ser pequeños y modulares, ocupan menos espacio. Así, se pueden instalar en lugares donde no podrían ubicarse centrales nucleares más grandes, desde zonas industriales hasta regiones remotas con poca infraestructura eléctrica.
Por otro lado, al ensamblarse en instalaciones controladas y no en el lugar de uso, sus tiempos de construcción se acortan, el control técnico mejora y los costes se reducen. Además, pueden desplegarse de forma gradual según la demanda energética de cada momento.

Reactor nuclear modulares de Rolls Royce
Omicrono
También poseen autonomía energética, es decir, reducen la dependencia de grandes redes de distribución eléctrica, lo que los convierte en una solución especialmente atractiva para zonas aisladas o en desarrollo; eso les permite asimismo actuar como centrales de reserva para situaciones de emergencia.
Otra de sus claves es que su diseño más simple y su fabricación en entornos controlados los hacen, al menos en teoría, más seguros que las plantas convencionales. Los SMR se apoyan en sistemas de seguridad pasivos que no requieren la intervención humana ni de ninguna fuente de energía externa para detener el reactor en caso de emergencia.
Además, su funcionamiento se basa en fenómenos físicos naturales —la gravedad, la convección o la circulación natural— lo que elimina o reduce drásticamente el riesgo de emisiones radiactivas al exterior en caso de accidente.
A todo ello, y como otra ventaja añadida, los mini reactores nucleares modulares necesitan recargar el combustible cada tres a siete años, frente al año o dos de las centrales tradicionales.
La estrategia de la UE
Más allá del anuncio, Von der Leyen también concretó en la cumbre cómo piensa ejecutar Bruselas su apuesta por los SMR. El plan pasa por establecer entornos regulatorios de prueba, reducir la fragmentación normativa entre los estados miembros y construir una industria europea del combustible nuclear que no dependa de terceros países.
La Unión Europea cuenta con importantes ventajas en este campo, como 500.000 trabajadores altamente cualificados en el sector nuclear y una posición de liderazgo en innovación en reactores modulares. “Tenemos ahora la ambición de progresar rápidamente y a gran escala para que Europa sea polo mundial de la energía nuclear de nueva generación”, declaró la presidenta.

La presidenta Ursula von der Leyen, durante la cumbre sobre energía nuclear celebrada este martes en París
Para Von der Leyen, el punto más importante de esta apuesta es que Europa no produce petróleo ni gas y depende completamente de importaciones caras y volátiles. Eso, a su juicio, lastra la competitividad del continente frente a otras potencias, una dependencia que el conflicto en Oriente Próximo ha vuelto a poner sobre la mesa “con brutalidad”.
La solución, sin embargo, no pasa por elegir entre renovables y nuclear, sino por combinar ambas. “Las renovables producen la electricidad más barata, pero son variables. La energía nuclear es fiable las veinticuatro horas del día. El sistema más eficiente combina ambas, respaldadas por almacenamiento y redes”, argumentó la presidenta, que ve en esa complementariedad la clave del modelo energético europeo del futuro.
En ese modelo, los SMR ocupan un lugar central. Von der Leyen aprovechó su comparecencia para reivindicar el papel histórico de Europa en la tecnología nuclear y apuntó que los reactores de nueva generación podrían convertirse en una exportación de alto valor añadido para el continente, una oportunidad industrial que, subrayó, ningún otro bloque está mejor posicionado para aprovechar.
