En la boyante industria del narcotráfico –en la que la larga mano del vecino del norte nunca ha estado ausente–, la lealtad es un artículo de lujo y de muy corta duración. Nadie quiere ser delator, un vil sapo, pero, a la hora de la captura, todos lo son si a cambio obtienen algún beneficio, como una reducción de condena. En cambio, el descuido –producto de la soberbia y la excesiva confianza del implicado que se cree perenemente impune– es cotidiano y suele tener un final fatal, más aún si, como dice el clásico, el motivo es que hormona mata neurona. Y esto último fue lo que llevó a la localización y posterior muerte de Nemesio Oseguera Cervantes El Mencho.
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