▲ El desfile de arreglos florales para despedir a Nemesio Oseguera fue tan nutrido que se requirieron seis grúas para retirarlos de la funeraria.Foto Afp
Juan Carlos G. Partida
Corresponsal
Periódico La Jornada
Martes 3 de marzo de 2026, p. 13
Guadalajara, Jal., Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, El Mencho, el hombre más buscado de México y Estados Unidos, según las respectivas autoridades, realizó un último trayecto entre los destellos áureos de su ataúd y los platinados del acero militar que lo custodiaban.
El líder del cártel Jalisco Nueva Generación ya no se desplazó entre brechas en medio del monte o sobre carreteras halconeadas para avisar de cualquier riesgo. Ahora recorrió los casi 25 kilómetros entre la funeraria y el panteón en un postrero acto en el cual no necesitó ocultarse.
Al mediodía de ayer, el cortejo partió hacia el cementerio Recinto de la Paz, en el municipio de Zapopan, bajo seguimiento de un convoy de vehículos artillados de la Guardia Nacional y el Ejército. En el centro de la escena, dentro de una carroza blanca, destacaba el féretro dorado.
En el azul intenso de un cielo de marzo que inició con un calor cada año más notorio, un helicóptero, también castrense, sobrevolaba para ampliar el radio de vigilancia ante cualquier eventualidad.
El trayecto se realizó sin novedad más allá de la atención atraída por el amplio grupo de vehículos civiles y militares que recorrían la ciudad. La comitiva fúnebre llegó al panteón y el dispositivo de seguridad puesto en marcha impidió el paso al interior para quien no tuviera algo que ver con el fallecido.
Luego de que fue abatido el 22 de febrero en un operativo de fuerzas especiales del Ejército en unas cabañas de Tapalpa, 135 kilómetros al sur de Guadalajara, el cadáver de El Mencho fue despedido con música de corridos compuestos a las vo-landas para “honrar” su memoria.
La última canción fue para recordar que de los gozos de la vida, cuando uno muere queda “nomás un puño de tierra”.
El domingo, durante su velorio, una funeraria de la colonia San Andrés, en Guadalajara, fue el epicentro del asedio de seguridad y un nutrido desfile de arreglos florales.
El arribo de flores fue incesante: cientos de coronas fúnebres de rosas rojas y blancas, algunas con formas de alas de ángel o cruces, inundaron el recinto. Entre ellas destacaban figuras monumentales de gallos, un tributo al apodo de Oseguera, El Señor de los Gallos.
Lo más notable fue el anonimato, porque ninguna llevaba cintillo con el nombre del remitente, lo cual reflejó el secretismo que rodea a la organización criminal. Fue tal el volumen floral que se requirieron cinco grúas para trasladar el perfumado tributo hacia el cementerio.
Mientras los familiares y amigos cercanos, la mayoría mujeres de negro, lloraban en el panteón la partida del capo, la violencia que dejó más de 70 personas fallecidas tras su caída seguía latente.
Un supuesto estudiante italiano fue golpeado, presuntamente por gente del cártel, al intentar documentar de cerca el funeral del hombre por quien se ofrecía una recompensa de 15 millones de dólares.
