Juan Manuel Vázquez
Periódico La Jornada
Lunes 23 de febrero de 2026, p. 9
Al inmortal Bach se le atribuye una expresión que agiganta la leyenda de su genio. Según la voz popular, el maestro dijo alguna vez con picardía que tocar cualquier instrumento resultaba muy fácil, ya que sólo se requería pulsar la nota correcta en el momento adecuado; lo demás ocurría por sí solo. Como si fuera una sonata interpretada desde un sillín, el mexicano Isaac del Toro recordó que las grandes victorias del ciclismo pueden, en apariencia, explicarse con esa misma malicia. Para ganar sólo basta atacar en el momento adecuado y a la distancia correcta de una meta.
Pero no es tan simple, el ciclista mexicano consiguió el mayor triunfo de su carrera al ganar la clasificación general en la octava edición del UAE Tour, la única carrera de la máxima categoría mundial que se disputa en Medio Oriente; lo hizo con la experiencia que ha ganado y con el trabajo impecable de su equipo, que corría en casa. El título número 24 del bajacaliforniano llegó en el inicio de su tercera temporada como profesional que emprende con tan sólo 22 años de edad y es el resultado de un aprendizaje acelerado.
En el ciclismo el trabajo individual del líder es tan importante como el de ese cuerpo colectivo que integran los gregarios, una verdadera orquesta que protege y ayuda a que su solista pulse la tecla correcta en el momento adecuado para que todo ocurra con la precisión de una sinfonía. Basta seguir esa coreografía de relevos para confirmarlo, con sus vaivenes de los escuderos que pedalean de forma incansable y casi maniaca, con la mirada puesta en el camino, como en trance, y que de pronto parecen despertar con un chasquido para cumplir con alguna misión.
La séptima etapa en Abu Dabi la ganó el italiano Jonathan Milan, su tercera victoria en la vuelta, con un esprint imponente al que difícilmente pudieron seguir el paso los demás. Cuando se acercaba a la meta, se levantó en los pedales para marcar un ritmo que parecía imposible de replicar, había gracia en ese sube y baja fibroso que lo balanceaba de izquierda a derecha mientras avanzaba con una potencia majestuosa.
Del Toro no peleaba la última etapa. Un día antes, en la sexta salida el sábado, el de Ensenada resolvió todo el tour a su favor. Había ganado el lunes y se rezagó en la contrarreloj del martes, después empezó su misión de Sísifo, cuesta arriba y con la enorme piedra de la responsabilidad de ser líder en su primera carrera de la temporada.
Un error de estrategia, de cálculo balístico, puede arruinar el trabajo de todo el equipo y el esfuerzo de los días previos. Del Toro ya lo había vivido cuando se le escapó el título del Giro de Italia en 2025 tras liderar por 11 días consecutivos. De modo que en esta ocasión trabajaron con sacrificio, pero con un plan tan bien ejecutado que el triunfo fue un clímax en el que el mexicano sacó su mejor versión hasta el momento.
▲ Durante la premiación, el joven ciclista se notaba conmovido.Foto Afp
Qué belleza contiene una vuelta que se define en el escenario más hostil y mítico para el ciclismo: la montaña. En la frontera entre los Emiratos Árabes y Omán, el Monte Hafeet puso a prueba el cuerpo y la mente de los competidores aún con ansias de triunfos sin importar el castigo que representa el ascenso. Los escaladores más temerarios hacen de las laderas verdaderos teatros de la épica del dolor.
Y esta escena en la sexta etapa sólo tenía a dos contendientes en duelo. El italiano Antonio Tiberi en la cima de la clasificación general se batió contra Del Toro, que buscaba remontar 21 segundos para tumbarlo del trono. El mexicano hizo un despliegue de inteligencia y poder físico para ejecutar un par de ataques en los últimos cinco kilómetros que dejaron sin aliento a su rival. A sólo 2.5 de la meta explotó con la última embestida.
Del Toro no estaba seguro de esa victoria en la penúltima etapa, desde luego, pero sabía que debía sufrir hasta cruzar la meta para volver a la pelea por el título. “Es un juego mental en el que lo único que debes hacer es seguir intentándolo. No estaba seguro de ganar, pero tenía la mentalidad para ir por la victoria”, dijo apenas consiguió esa victoria el sábado, a la que calificó como una de las más importantes de su carrera, aunque es la primera que consigue en el Tour Mundial, porque en el Giro de 2025 quedó en segundo lugar.
Y en la séptima etapa en Abu Dabi, sólo tuvo que pelear para que Tiberi no remontara esos 20 segundos que le sacó el sábado en la general. Y el italiano ya estaba vencido, no pudo regresar para disputarle la victoria a Del Toro, quien un día antes reventó a su rival, la etapa y la vuelta por completo.
En la premiación, Del Toro parecía otra vez ese ciclista mucho más joven de lo que es en realidad. Cuando escuchó el himno mexicano, por primera vez en una carrera de Tour Mundial, el de Ensenada se notaba conmovido y lo hacía ver como un adolescente.
Luego compartió con genuino candor que no terminaba de creer en sus logros y que era difícil asimilar que había ganado su primer Tour Mundial en la casa de su equipo de Emiratos Árabes. Como si todo el coraje, la fuerza y la estrategia que exhibió en una semana fuera una mera circunstancia, como si sólo hubiera pulsado la tecla correcta en el momento preciso y de pronto surgiera una obra maestra.
