PAGENRITH: Tres días de buen tiempo, con varias horas de sol brillante y la desaparición de la mayor parte de la nieve, excepto en las zonas elevadas, pueden ayudar a confirmar la tradición de que las aves comienzan a aparearse el día de San Valentín. Como muchos otros dichos antiguos, este es del tipo “hitty-missy”, y depende en gran medida del estado del tiempo en ese momento. Pero incluso durante el duro clima de las últimas semanas, algunas parejas de mirlos en el jardín han estado jugando “tiggy” entre los arbustos de bayas, lo que indica un apareamiento temprano.
Para los espectadores, las perdices encabezan el cartel de entretenimiento cuando salen a cortejar. La técnica es casi siempre la misma. A sotavento de una valla “rápida”, el pájaro macho se acerca persiguiendo a su futura esposa, pero ella no parece tener prisa por comprometerse y lo evade con la destreza de un futbolista de rugby. Luego (aparentemente) se cansa de perseguir a esta hembra de fuego fatuo y vuelve a intentarlo tímidamente, picoteando el suelo como si aparearse fuera lo último en lo que pensaba. Pero esta indiferencia no le conviene a la hembra, que la sigue hasta ponerse al alcance de un nuevo ataque. La actuación puede repetirse durante aproximadamente una hora, hasta que ambos se cansen de la fantasía y se pavoneen juntos.
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