Diego García es un atolón remoto del archipiélago de las Islas Chagos, en el océano Índico, frente a la costa de India. Alberga una importante base militar conjunta de las fuerzas armadas del Reino Unido y Estados Unidos. Este sábado, ha acaparado todas las miradas tras conocerse que Irán ha disparado dos misiles balísticos de alcance intermedio contra la instalación –que no impactaron–, según adelantó el Wall Street Journal. El Ministerio británico de Defensa ha condenado este sábado los “peligrosos” ataques iraníes.
A principios de este mes, en el marco de la guerra de Donald Trump y Benjamin Netanyahu contra Irán, Reino Unido concedió a Estados Unidos permiso para utilizar la base para llevar a cabo operaciones defensivas destinadas a impedir que Irán lance misiles que pongan en peligro los intereses o la vida de los británicos. El viernes, Londres acordó permitir a Washington utilizar bases británicas para lanzar ataques contra objetivos iraníes que estén bloqueando el estrecho de Ormuz. El Ministerio de Defensa británico ha asegurado a los medios que los ataques fallidos tuvieron lugar antes de este anuncio.
La base es un centro neurálgico para las operaciones estadounidenses en Oriente Medio, como recuerda la agencia Associated Press, que recoge que Washington la ha descrito como “una plataforma prácticamente indispensable” para las operaciones allí, así como el sur de Asia y África Oriental. Con una dotación de unos 2.500 efectivos, en su mayoría estadounidenses, ha prestado apoyo a operaciones militares de Washington desde Vietnam hasta Irak y Afganistán, indica la agencia.
La isla cuenta con un extenso aeródromo con pistas lo suficientemente largas como para acoger grandes aviones militares, como bombarderos B-52, aviones cisterna KC-135, aviones de reconocimiento y aviones de transporte, según explicó Nitya Labh, miembro de la Schwarzman Academy en el programa de Seguridad Internacional de Chatham House, en un artículo el mes pasado. También dispone de importantes instalaciones de almacenamiento de combustible, instalaciones de radar y torres de control capaces de dar apoyo a las operaciones militares regionales, y cuenta además con un puerto de aguas profundas capaz de atracar, reabastecer y realizar el mantenimiento de grandes buques de guerra, incluidos portaaviones, destructores y submarinos.
Según explica la experta, fue concebida e impulsada por Estados Unidos, no por Reino Unido, para reafirmar el control estadounidense en el Índico.
Diego García ha estado en el centro de una histórica disputa territorial entre Reino Unido y Mauricio. El abogado y escritor Philippe Sands la llama “la última colonia” establecida por Gran Bretaña. En los 60 y los 70, Reino Unido expulsó a unas 2.000 personas para que el Ejército estadounidense pudiera construir allí una base militar.
En 2019, la Corte Internacional de Justicia pidió a Reino Unido que dejara el control del archipiélago porque consideró que no había sido separado legalmente de Mauricio en 1968, es decir tres años después de la declaración de independencia de ese país.
Tras largas negociaciones, el Gobierno de Keir Starmer llegó a un acuerdo el año pasado con Mauricio para ceder la soberanía sobre la isla a cambio de un arrendamiento por un coste medio de 101 millones de libras al año (unos 116 millones de euros), lo que le permite mantener el control operativo completo de la base a largo plazo de forma conjunta con EEUU durante un periodo inicial de 99 años, con la posibilidad de extenderlo por 40 más.
Donald Trump ha rechazado de plano el pacto, que calificó como “una gran estupidez”. La legislación para finalizar el pacto se encuentra aún en trámite en el Parlamento británico.
