La forma en la que usamos el coche está cambiando, pero la mentalidad de propiedad avanza a un ritmo mucho más lento. El aumento del coste de vida, la transformación de los modelos de inversión tradicionales y un uso cada vez más puntual del vehículo privado, lo que hace que el denominado peer-to-peer carsharing a consolidarse en España como una alternativa real para optimizar un activo históricamente infrautilizado.
Este modelo, plenamente asentado en mercados como Estados Unidos desde hace más de 15 años, se basa en el alquiler de coches y furgonetas entre particulares y empresas por periodos flexibles -desde días hasta meses-, permitiendo generar ingresos recurrentes sin necesidad de desprenderse del vehículo ni asumir una estructura empresarial compleja. Frente a la concepción clásica del coche como un gasto fijo que pierde valor con el tiempo, el carsharing entre particulares plantea una lógica distinta: la del uso eficiente y la rentabilización de este como un activo.
El auge de este modelo responde a varias tendencias en auge. Por un lado, el encarecimiento del automóvil -seguros, mantenimiento, aparcamiento o combustible- y, por otro, el cambio en los hábitos urbanos, con un uso menos intensivo del coche derivado del teletrabajo, las restricciones de tráfico y una mayor oferta de alternativas de movilidad. A ello se suma un creciente interés por fórmulas de ingresos complementarios y nuevas formas de inversión más accesibles, especialmente entre perfiles jóvenes y profesionales que buscan diversificar sus fuentes de ingresos.
A nivel global, el mercado de alquiler de vehículos entre particulares -peer-to-peer carsharing- se encuentra en plena expansión. Según el informe Peer-to-Peer Carsharing – Global Strategic Business Report, elaborado por Market Glass y publicado por ResearchAndMarkets, este segmento fue valorado en torno a los 2.500 millones de dólares en 2024 y podría superar los 7.000 millones de dólares en 2030, con tasas de crecimiento anual cercanas al 18 %.
A medida que este modelo gana visibilidad, también aumenta la necesidad de conocimiento y criterios profesionales para aplicarlo de forma viable. Más allá de la gestión puntual de vehículos, el crecimiento del carsharing entre particulares está impulsando iniciativas orientadas a su profesionalización y a la consolidación de modelos de negocio sostenibles en el tiempo.
La idea de Kiko Aguirre
En este contexto se sitúa la trayectoria de Kiko Aguirre, emprendedor que ha convertido la optimización de vehículos en un modelo de negocio rentable y que, a partir de su experiencia, desarrolla programas de formación y acompañamiento dirigidos a quienes buscan generar ingresos mediante el alquiler de vehículos entre particulares.
Esta dimensión formativa y divulgativa está contribuyendo a que el carsharing deje de percibirse como una tendencia puntual y empiece a consolidarse como una opción más dentro del ecosistema de nuevas formas de inversión y economía colaborativa en España.
Más allá del caso concreto, el crecimiento de este modelo de negocio refleja un cambio más profundo en la relación con el coche: de la propiedad al acceso, del gasto a la eficiencia, y de la posesión permanente al uso inteligente. Un cambio que no solo afecta a la movilidad, sino también a la forma en la que entendemos la inversión y el aprovechamiento de nuestros recursos en un contexto económico cada vez más exigente.
“Durante años hemos asumido que tener un coche implica un coste fijo inevitable. Sin embargo, la forma en la que lo usamos ha cambiado: lo utilizamos menos, pero seguimos asumiendo todos los gastos de la propiedad. El carsharing entre particulares parte de esa contradicción y propone una lógica distinta, basada en el uso eficiente del vehículo y en la optimización de un activo que pasa gran parte del tiempo parado”, explica Kiko Aguirre.
Foto: elperiodico
