▲ Catherine Cohen (izquierda) y Elle Faning, en Valor sentimental, en fotograma de la cinta del danés-noruego
Afp
Periódico La Jornada
Lunes 9 de marzo de 2026, p. 8
Beverly Hills., La creciente influencia del cine extranjero entre los votantes de la Academia en los premios Oscar no pasa inadvertida para los directores nominados a mejor película internacional. Esto es evidente con la popularidad en el mercado estadunidense de las producciones en lengua no inglesa, cuya presencia en la categoría de mejor película se ha vuelto tendencia.
Este año la brasileña El agente secreto y la noruega Valor sentimental entraron en la disputa.
“Se trata de reconocimiento, no de competencia”, dijo a la Afp Joachim Trier, director de Valor sentimental, que, con nueve nominaciones, es una de las cinco candidatas para coronarse como la mejor película internacional en la 98 edición de los premios, el 15 de marzo.
“Significa que suficientes personas en mi grupo de colegas dijeron ‘hiciste un buen trabajo como director’, y eso es muy significativo”, dijo el danés-noruego de 52 años, nominado también a mejor director.
Trier destacó que la diversificación del cuerpo votante de la Academia contribuye a su internacionalización, pero el éxito global de cintas como su drama familiar –protagonizado por Renate Reinsve y Stellan Skarsgard– se debe a que vienen de “un espacio personal”.
“El asunto es tratar de que esta gran maquinaria del aparato del cine vaya hacia un lugar íntimo.”
El franco-español, Oliver Laxe, de 43 años, coincidió. Cree que las películas que, como su Sirat. Trance en el desierto, entraron en la categoría internacional “son honestas”.
“Todos los directores han mirado hacia adentro, han intentado hacer algo con su corazón, y yo también lo hice con las tripas”, comentó.
Para Laxe, el triunfo de su disruptiva producción –una meditación contemplativa que sacude al espectador– “prueba que el público está cansado de ver las mismas películas y que hay que confiar un poco más en la sensibilidad individual”.
Igual que Trier, Laxe no ve la nominación como una disputa. “Creo que aquí no hay nadie que pierda. Ganamos todos”, aseveró.
A su vez, el brasileño Kleber Mendonca Filho, director de El agente secreto, se dijo “muy impresionado” con la repercusión de su cinta, la crónica de la persecución que sufre un académico (interpretado por el también nominado Wagner Moura) en el Brasil de los años 70, en tiempos de la dictadura militar.
“Yo hice una película brasileña, y ha tenido una reacción muy fuerte, emocional y política en el mundo entero”.
En tanto, Un simple accidente, del iraní Jafar Panahi, filmada en la clandestinidad, plantea el dilema de una sociedad torturada y pisoteada: ¿venganza o perdón? Panahi, cuyo trabajo lo ha llevado a la prisión en su país, en el pasado, aprovecha la campaña por el Oscar para poner el acento sobre lo que ocurre en Irán.
En entrevista con la Afp durante el tradicional almuerzo que la Academia celebra para los nominados, lamentó la reciente detención de uno de sus guionistas y colaboradores, Mehdi Mahmoudian, bajo sospecha de escribir un comunicado para un opositor.
La directora tunecina Kaouther Ben Hania también celebró la nominación de su lascerante La voz de Hind Rajab, mezcla de drama y documental, una oportunidad para la denuncia.
El filme sigue la agonizante situación de una niña palestina acechada por balas israelíes que asesinaron a sus familiares en Gaza, y los esfuerzos de los servicios de rescate por salvarla. “Mi primera obsesión era cómo hacer resonar la voz de esa niña –contó Hania– porque las películas en lengua árabe con subtítulos podrían caer fácilmente en esa categoría de cine de nicho, y mi ambición era sacar la película de ahí y mostrarla al mundo”, afirmó.
