▲ Antes de comenzar el partido se rindió homenaje y guardó un minuto de silencio en memoria de los militares caídos durante la violenta jornada del pasado domingo en el país.Foto FMF
Alberto Aceves
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Periódico La Jornada
Jueves 26 de febrero de 2026, p. a10
Querétaro, Qro., El estadio Corregidora tiene una carga simbólica que pesa cuando se juega. Aunque los controles de seguridad se han reforzado, el recuerdo del 5 de marzo de 2022, cuando aficionados del Querétaro y Atlas protagonizaron enfrentamientos en las gradas, actúa como una advertencia de que un error en la cadena de mando puede tener consecuencias. Aquel estigma converge con una crisis externa: la espiral de violencia que sacude a Jalisco y condiciona la movilidad en diversas carreteras. En ese contexto, la victoria de México sobre Islandia (4-0) no sólo prueba que el deporte es todavía un espacio familiar, sino también muestra el alcance de autoridades federales y estatales para refrendar la organización de la Copa Mundial de la FIFA a menos de cuatro meses del comienzo.
Más allá de los goles y el desempeño del equipo, la importancia del encuentro radica en la recuperación de la narrativa. Si hace años la imagen del Corregidora dio la vuelta al mundo como un símbolo global de violencia, ayer pretendió mostrar que Querétaro, al igual que otras sedes en el país, tiene el rigor operativo necesario para transformar un recinto marcado por el trauma en un lugar confiable.
“¡México, México!”, corearon los más de 31 mil 600 asistentes cuando una banda de guerra compuesta por las fuerzas armadas rindió honores a la bandera, tocó las notas del Himno Nacional y guardó un minuto de silencio en memoria de los elementos que perdieron la vida el domingo, durante el operativo en Jalisco. Una niña entregó ramos de flores a integrantes del Ejército, mostró gratitud por su servicio y portó el mismo moño negro que los jugadores sobre una camiseta blanca cuyo mensaje decía “Somos más que futbol” en referencia a los acontecimientos más recientes. El juego de símbolos patrios y expresiones colectivas que exaltaron la identidad y soberanía dieron otro color al partido.
Los atacantes del Guadalajara, Richard Ledezma (21) y Armando Hormiga González (24), celebraron los goles que abrieron camino a la selección en una de las últimas pruebas rumbo a la Copa del Mundo. Con los primeros festejos de la noche, aparecieron también llamados de diferentes sectores a mantener el orden en las gradas. “¡Seguridad, seguridad!”, gritaron desde los más pequeños hasta los más grandes, casi todos con camisetas de la selección y con el único interés de disfrutar del futbol como un acto familiar. El 3-0 de Jesús Gallardo, impulsado del juego colectivo mexicano, pero también por la poca respuesta de los islandeses, finiquitó el ejercicio de validación operativa y emocional. Brian Gutiérrez, también de Chivas, hizo el cuarto en los minutos finales (91+4).
“Al final, el marcador queda sólo como una anécdota. La verdadera victoria estuvo en la voluntad de hacer de este espacio un lugar sin violencia”, afirmaron testigos a su salida del estadio. Hubo aplau-sos para el equipo y la organización, pero especialmente para miembros del Ejército Mexicano que caminaron ovacionados hacia los vestidores después de resguardar el perímetro de la cancha.
