▲ Empresas de América del Norte apoyan el pacto trilateral de comercio. Imagen de 2024 en Manzanillo .Foto Yazmín Ortega
Jim Cason y David Brooks
Corresponsales
Periódico La Jornada
Lunes 16 de marzo de 2026, p. 16
Washington y Nueva York., Es improbable que el gobierno de Donald Trump concluya las negociaciones para extender el T-MEC antes de la fecha límite establecida de julio, lo cual no tiene consecuencias para el tratado comercial, indican expertos en Estados Unidos.
A pesar de los tonos de urgencia de líderes empresariales, legisladores y organizaciones pro comercio libre en los tres países sobre la necesidad de que las negociaciones, que arrancan formalmente hoy, culminen en un acuerdo para extender y modificar el tratado antes de la fecha límite de julio, hay casi nula probabilidad de que se logre, señala una de las expertas sobre comercio más reconocidas en Washington.
La coyuntura política en Estados Unidos, particularmente marcada por posibles fracasos en el partido de Trump en las elecciones intermedias en noviembre, dificulta la posibilidad de un acuerdo entre los tres países. “No hay ninguna posibilidad de que una extensión de 16 años del T-MEC sea aprobada para julio por el tipo de cambios que se requieren para que Trump esté dispuesto a apoyar cualquier tipo de extensión”, explica Lori Wallach, directora de Rethink Trade y analista veterana de políticas comerciales en Washington.
Wallach, en entrevista con La Jornada, señaló que Trump desea en cualquier extensión la inclusión de aranceles comunes más altos para algunos bienes –modificación que requiere de aprobación legislativa–. “Eso no ocurrirá antes de las elecciones intermedias” en noviembre, comentó.
Pero la analista, que se ha dedicado durante más de 30 años a temas de comercio para organizaciones laborales y de consumidores, subrayó: “nada cambia si no hay un acuerdo antes del 1º de julio para extender el T-MEC. El texto del tratado es muy claro en requerir a los países a juntarse cada julio para decidir si desean extender durante los próximos 10 años hasta 2036, cuando el acuerdo actual tendrá su final si los tres países no acuerdan extenderlo”.
Resaltó que la falta de entendimiento sobre el proceso de evaluación “está generando ansiedad innecesaria” y el proceso obligatorio de evaluación y su conteo de 10 años es hasta 2036 “no amenaza la existencia continua”. Añadió que un acuerdo para extender el tratado lo dejaría en vigor hasta 2042.
Todd Tucker, director de comercio y política industrial en el Roose-velt Institute, centro de análisis liberal, coincide en que las elecciones intermedias –donde está en juego todas los curules de la Cámara baja y un tercio del Senado– tienen un enorme efecto sobre la negociación actual, pero señala que hay una ventana pequeña para que se logre un acuerdo este año. “Como parece cada vez más probable que las elecciones intermedias lleven al Congreso a la izquierda, el gobierno de Trump estará bajo presión por parte del sector empresarial para que por lo menos resuelva una de las crisis que están sobre la mesa, y asegurar que se renueve el tratado sería un buen resultado (incluso si los maximalistas de las bases de Trump prefieren cambios mayores), comentó en entrevista con La Jornada.
“Con agrupaciones empresariales apoyando la renovación del acuerdo y, si el gobierno de Trump demandan cambios suficientemente pequeños que eviten la aprobación del Congreso, el gobierno podría lograrlo”, señaló Tucker. Dijo que si la Casa Blanca puede obtener algunos cambios en temas como productos lácteos y rubros agrarios (los granjeros estadunidenses están preocupados por los aranceles canadienses a la leche), modificaciones para limitar las importaciones de acero y de automóviles, así como cambios en las reglas de comercio digital, “podría declarar una victoria y cumplir con los temas políticamente más importantes para los empresarios”.
Eso es el escenario preferido por las agrupaciones empresariales, aunque el sector privado estadunidense tiene diversos intereses en torno al comercio. La semana pasada, el Brookings Institution convocó a un foro que incluyó a organizaciones empresariales de Estados Unidos, México y Canadá que elogiaron el T-MEC e instaron a que se logre una renovación de ese tratado.
Frente a un presidente que repetidamente ha llamado a que empresas estadunidenses trasladen su producción de México y Canadá “de regreso” a Estados Unidos, los expertos de Brookings pintan una imagen optimista de la economía de América del Norte: “una plataforma de producción regional dinámica, competitiva e innovadora que suma sinergias y nutre la especialización a través de vínculos conectando los mercados estadunidenses, mexicanos y canadienses”.
Sin embargo, la experta y abogada en asuntos comerciales Wallach piensa que los vientos políticos soplarán en contra de la renovación del acuerdo este año. “Se requieren mejoras para que cumpla con entregar el poderío manufacturero de altos salarios y comercio equilibrado que él (Trump) prometió y que necesitamos”, afirmó. “A Trump le encanta culpar a los presidentes anteriores por el desastre causado por el TLCAN, pero sólo mejoras mayores lograrán alterar los resultados del T-MEC, que no son tan diferentes (a los resultados del tratado original), dado el desplome de 91 mil empleos industriales en 2025 –lo cual indica que los aranceles solos no van a componer nuestros problemas comerciales–.”
El tema más grande en este rubro para Trump es el creciente déficit comercial con China, y eso, advierte Wallach, podría incluso llevar a que Estados Unidos anule el T-MEC.
“Sospecho que, sin cambios al acuerdo que logren reducir el creciente déficit comercial de Estados Unidos con México y que fortalezcan la defensa industrial común de los tres pases contra las importaciones desde China, Trump podría poner fin al pacto.”
Recuerda que hay una cláusula en el T-MEC, el artículo 34.6, que permite que cualquiera de los tres países se retire del tratado con seis meses de aviso.
