▲ El ex jugador Hugo Sánchez; Juan Ramón de la Fuente, secretario de Relaciones Exteriores, y Louis Balat, presidente de Coca Cola México, durante el recibimiento del trofeo en el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles.Foto Cuartoscuro
Miguel Ángel Velázquez
Enviado
Periódico La Jornada
Sábado 28 de febrero de 2026, p. 9
San José., Son las 4:30 de la mañana, la penumbra inunda cada rincón del aeropuerto, ráfagas constantes de viento frío, helado, cruzan las pistas del aeropuerto de la capital y azotan a este Airbus A320 donde caben, normalmente, más de una centena de personas, pero que ahora es el transporte de ella y su séquito, tal vez la más cuidada del mundo.
Son 24 hombres y mujeres, 16 de ellos entrenados en Israel y el resto reclutado por Coca-Cola. Sólo dos no se le despegan, pasan la noche vigilándola pero no la tocan y, si tienen que hacerlo, usan guantes. Nunca duerme sola. Ellos están a cargo de que llegue sin contratiempos, en buen estado.
Vienen de Brasilia y hacen una parada técnica aquí en Costa Ri-ca para cargar combustible y seguir a su siguiente destino: México. Tendría que haber aterrizado en este lugar hace 24 horas, pero el presidente Luiz Inácio Lula da Silva pidió que se quedara un día más en las tierras de la samba y el futbol, y los planes cambiaron un tanto.
Pero su destino, que se esbozó desde hace cientos de días, no cambió. En la Ciudad de México, en Monterrey y en Guadalajara se han montado aparatos de seguridad; hombres, cámaras, millones y millones de dólares para evitar cualquier desafortunado episodio.
Esta noche dormirá en un hotel de Polanco en el que se han reservado los cuartos necesarios –arriba, abajo y a los lados–, que conforman el perímetro de seguridad que debe tener y no sólo eso, en términos puntuales de seguridad hay que agregar que además viene forrada y sellada en un estuche rígido de alta seguridad al que se conoce como flight cases, que cuesta hasta 250 millones de dólares, porque está diseñada para protegerla de impactos e intenciones de robo.
Pero no sólo es el forro del que hablamos y que es parte del cuidado con el que se le trata, cuenta también con un macrosistema tecnológico de protección que incluye cámaras con inteligencia artificial, reconocimiento facial y, por si fuera poco y para darnos una idea de lo que significa, un mecanismo antidrones por si a alguien se le ocurre atacarla desde el aire.
Sí, se trata de la Copa del Mundo de Futbol, una cosa que mide 36.8 centímetros de altura, su diámetro de base apenas llega a los 13 y pesa un poco más de seis kilos de oro de 18 quilates y le quita el sueño a unos 250 millones de practicantes activos en todo el orbe, acólitos que desearían tenerla en sus manos.
El dorado objeto del deseo, según el protocolo de la FIFA, se ha convertido en una reliquia, un obje-to venerado en todas partes. La Copa del Mundo de Futbol no mira ideología y en su conquista se celebran justas que pueden abrir paréntesis de concordia que no pueden conseguir nada ni nadie más.
Parece inexplicable, pero hasta 4 mil millones de personas confiesan ser sus seguidoras, sus acólitos, los que le rezan y le lloran, los que en un juego de la justa mundial miran y luchan, en las tribunas y la cancha por el orgullo regional y hasta el patrio, alguien le llamó “la guerra en pantalones cortos”.
La reliquia no puede ser tocada más que por ex mundialistas campeones, presidentes o primeros ministros, pero cuenta la historia del trofeo que si algún mandatario o presidenta lo toca, su equipo no será campeón. No obstante Lula, el presidente de Brasil, desafió al destino y acarició y besó a ese dorado objeto del deseo.
El sistema de prácticas y rituales que provoca el futbol se realiza en casi todo el mundo, el número de países afiliados a la FIFA, según sus propios datos es de 211, la ONU confiesa tener sólo 195. Para muchos el futbol es una religión al que le son absolutamente fieles.
Tal vez sea por eso que la gente de la refresquera patrocinado-ra del Mundial, que por tercera vez se habrá de jugar en el estadio Azteca –ningún otro recinto tiene esa marca– y que en ningún otro país se ha jugado tres veces, le ha dedicado la fuerza de sus mejores mujeres y hombres a crear la imagen casi religiosa que hoy tiene la Copa del Mundo de Futbol.
Por fin despegamos, un joven mexicano, de los que fichó Coca-Cola, encargado de la logística de la gira que inició hace cerca de un mes, comenta que después de pasar la noche en la Ciudad de México, viajará a Guadalajara y pone énfasis en la importancia del lugar y recalca la confianza en México.
Todo está listo, el anuncio del piloto del avión nos indica que “dentro de unos momentos estaremos aterrizando en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México” y luego de la recepción protocolaria la trasladarán al hotel de Polanco
Pero antes el acto en el que, desde una puerta negra dispuesta en la parte trasera del enorme avión desciende acompañada del secretario de Relaciones Exteriores, Juan Ramón de la Fuente, Gabriela Cuevas, representante del gobierno de México para el Mundial, y el jefe de Coca-cola en el país, Louis Balat, sostuvo que “Guadalajara y México están de pie”, pero todos reiteraron la necesidad de la unidad para conseguir que el futbol siga siendo un espacio para la paz.
Aunque, hay que decirlo, por cuestiones de estrategia o por alimentar los malos pensamientos, la embajadora de Canadá, Ioana Shas, y el embajador de Estados Unidos, Ronald Johnson, quedaron diametralmente opuestos al conformarse el grupo de personajes que presidieron el acto. ¿Fue sólo una sutileza?
Un centenar de personas –invitados especiales–, dieron la bienvenida al trofeo. Se escuchó música, tronaron tambores y las fotos con los ex jugadores, Manuel Negrete –más le valía no haberse metido a la política–, el Conejo Pérez, muy querido, y el mundialista Rubén Ratón Ayala, se dieron a la tarea de dar autógrafos y posar para las fotos de celular.
Minutos antes, los funcionarios, el ex jugador Hugo Sánchez y el vice presidente de asuntos públicos, comunicaciones y sustentabilidad de la refresquera, Patricio Caso, posaron frente al trofeo protegi-do por un capelo, por aquello de que nadie la puede tocar.
También se recordó que el jueves pasado la presidenta Claudia Sheinbaum anunció una inversión de miles de millones de pesos de la refresquera para México y se hicieron votos porque este Mundial sea el mejor de todos.
El próximo martes, según la agenda, la Copa del Mundo estará en la mañanera, ahí se explicará de cabo a rabo lo que significa la gira y se reiterará, ante el auditorio de la conferencia matutina, la importancia de la inversión y la confianza para México, pero la presidenta, no la tocará… por aquello de la mala suerte.
