▲ Fotograma de la película La hija cóndor del realizador Álvaro Olmos
Afp
Periódico La Jornada
Miércoles 25 de marzo de 2026, p. 7
Toulouse. Está realizada prácticamente toda en quechua, pero eso no impide que la película boliviana La hija cóndor, sobre la desaparición de las parteras rurales andinas, siga su recorrido por prestigiosos festivales y coseche premios.
El filme, el segundo largometraje de ficción de Álvaro Olmos, cuenta la historia de Clara, una joven predestinada a seguir los pasos de su madre, la partera de una remota comunidad en el valle de Cochabamba. Pero los ecos que le llegan de la ciudad le hacen plantearse irse y dedicarse a ser cantante.
La cinta, en competición esta semana en el festival Cinelatino, en Toulouse (Francia), acaba de llevarse los premios a mejor interpretación femenina de reparto y música en Málaga (España). El año pasado también viajó a La Habana y Toronto, donde tuvo su estreno mundial.
La idea de La hija cóndor surge del deseo de Olmos de rodar en los impresionantes paisajes cerca de Cochabamba, donde sus habitantes parecen anclados en el pasado, escuchando música de otras décadas y con la radio como su principal medio de comunicación, explica el cineasta en una entrevista con Afp.
Y sobre todo nace de querer profundizar en esta figura de la partera en las comunidades andinas, que está “en proceso de desaparición”, advierte.
En la película se ve a Ana, una mujer mayor que sólo habla quechua, ayudar a dar a luz a las parturientas con masajes y gestos tradicionales. A su lado, la joven Clara canta melodías ancestrales.
Para preparar la película, Olmos entrevistó a muchas comadronas en varias regiones de Bolivia.
Para dar vida a las dos protagonistas, Olmos sabía que difícilmente encontraría a actrices profesionales capaces de “interpretar estos roles, muy personales, muy profundos y muy específicos”, admite, por eso optó por dos mujeres sin experiencia.
A la joven Marisol Vallejos la encontró en TikTok. Para la partera Ana fue más complicado, pero acabó escogiendo a María Magdalena Sanizo, una locutora de radio quechua jubilada cuya abuela también ayudaba a dar a luz.
Para Olmos, que en su familia oía el quechua pero a él le hablaban en español, hacer esta película ha sido como una forma de “rencontrarse con esa raíz, con el idioma”, y fue natural rodar en esa lengua en esta zona del país.
“Filmar algo en el área rural que no sea en quechua es ir en contra de la realidad”, indica.
Aunque admite que el hecho de trabajar en esta lengua minoritaria le hizo pensar que quizás “nos estemos cerrando puertas” en la industria, al final su recorrido en los festivales internacionales demuestra más bien lo contrario.
