Jorge Caballero
Periódico La Jornada
Viernes 13 de febrero de 2026, p. 7
A lo largo de 40 años de carrera, el influyente músico, poeta, novelista y productor español Javier Corcobado es reconocido como una de las figuras claves del underground ibérico. Su apodo, Duque del Ruido, le queda bien puesto por su estilo ecléctico que fusiona rock, noise, electrónica y boleros con líricas pasionales, profundas y oscuras que exploran temas como el amor, la soledad y la autodestrucción con una estética visceral y penetrante.
Algo que este multifacético artista ha percibido en cuatro décadas de creación es que “la fuerza creativa manda. Siempre, siempre. En mi caso sí, porque estoy bajo su influjo constantemente. Es decir, no soy, por suerte o por desgracia, de esas personas que van buscando la inspiración. Estoy conectado con, llamémosle, la información divina que me llega en poesía, en música, en melodías, en ritmos, en ideas”.
Javier Corcobado extiende su respuesta: “es una suerte, pero también es una desgracia, porque tienes que desconectar a veces, si no, no puedes dormir, ni descansar. Podría pasar toda mi vida durmiendo y creando. Pero también tengo que comer; entonces, hay cosas que hacer en casa, hay hijos, hay que ocuparse de la familia y también hay que dar conciertos y expresar lo que se ha procesado, porque al final soy un simple procesador de las ideas que me iluminan y yo las construyo para hacer canciones, poemas, novelas; es una iluminación difusa, que me llega para explicarlo de alguna manera. Entonces, sí, manda la fuerza creativa”.
En estos 40 años –aunque él se siente de 22–, el compositor e intérprete ha liderado bandas seminales y lanzado más de 20 álbumes. Su obra literaria abarca poesía y novela, donde refleja su visión del mundo, a menudo cruda y directa.
Sobre cómo se aparta de su voz creativa para lidiar con la cotidianidad, Corcobado reflexiona: “cuando eres joven te vuelve loco. Es la locura. Realmente, es la locura. Es una definición muy buena de la locura; está reconectado, llamémosle Dios, ángeles o lo que quieras. Le llamaré Dios, directamente. Como si yo fuera un serafín, que son esa jerarquía de ángeles que están más cerca de Dios, los que reciben su luz. Cuando eres joven te vuelves loco de tanta idea que tienes que desarrollar.
“Eso provoca insomnio, experimentar con drogas para ampliar la percepción a ver hasta dónde llegas. Entonces, te intoxicas muchísimo y tal. Lo bueno de llevar 40 años creando o haciendo este trabajo es que aprendes a moderar esa fuerza; aprendes a conectarte en el momento que te tienes que hacerlo. Ahora me conectaría mucho más, pero no tengo tanto tiempo. A veces he llevado un cuaderno… una de las cosas maravillosas del teléfono celular es que puedo grabar una melodía en él; antes llevaba una grabadora con un minicaset, como los periodistas antes.”
Hace una pausa y agrega: “quiero decir algo bueno de los teléfonos celulares, porque ya son como un miembro más. No quiero tirar el mío, porque me sirve, entre otras cosas; me distrae cuando no debo, pero me sirve para grabar melodías o escribir en vez de tomar una pluma y un papel”.
Placer o trabajo
Sobre que la música es su trabajo, Javier Corcobado menciona que lo hace “a placer; es lo que sé hacer.
▲ Cada disco contiene una decena de canciones. Solitud, composiciones nuevas, y Soledad, temas emblemáticos. Foto cortesía del artista
“Ahora tengo un disco que ya está grabado y estoy haciendo canciones para un grupo que tengo con mi mujer, un grupo de ruido y de música bailable muy dura, muy fuerte. Entonces estoy componiendo canciones, pero como también estoy trabajando en la promoción del nuevo álbum, preparando los conciertos, no tengo todo el tiempo que quisiera para conectarme y componer.
“La próxima conexión larga que quiero lograr, y espero tener tiempo para ella es la elaboración de otra novela de ficción, que eso sí me lleva meses de estar conectado.”
Corcobado admitió que no es muy despiadado a la hora de sacrificar alguna estrofa de una canción o una melodía para que entre una copla. “Es raro que llegue ahí sin las cosas muy bien preparadas. Es muy raro. Cuando llego al estudio está casi todo hecho, pero si tengo que cambiar algo radicalmente y el consejo viene de alguien con credibilidad, que puede ser mi esposa, puede ser el ingeniero de sonido o uno de mis músicos, y que no cambie esencialmente la idea de la canción, sino que la va a mejorar o va a hacer algo bueno por ella, no soy nada despiadado; al contrario, soy muy comprensivo”.
Sobre la idea de que es un artista con quien es difícil trabajar en estudio, Corcobado reconoce que “para ciertas personas puedo seguir teniendo esa fama, pero es porque hay gente muy pendeja. Entonces, si estás trabajando con un pendejo, llega un momento en que le dices: ‘mira, tía, tío, eres un pendejo, no puedo hacer esto’. No lo hago y ya está, no pasa nada, pero creo que soy alguien bastante inofensivo, y admiro mucho el trabajo de los músicos y de los demás.
“No impongo mi ego, ya bastante es que las canciones son mías y me ayudan a llevar a cabo una idea, como para ser impío o cruel. Procuro que siempre haya muy buena armonía cuando hay trabajo en equipo.”
Se pregunta a Corcobado si se ha quedado perplejo al momento de escribir; responde: “¡Sí, es la hostia! Y es una experiencia inefable, te dices: ‘¡joder, soy buenísimo!’, pero luego cuando lo piensas mejor: ‘bueno, pues no era para tanto’; pasa mucho cuando fumas mota. Hace años que ya no tomo drogas, y hace tres que no bebo alcohol ni nada. Creo más en la disciplina, en la autocrítica y en crear desde la sobriedad, aunque en mis épocas de adicciones, en mis épocas de tomar mucho, para crear tenía que estar sobrio. Luego ya me podía emborrachar o lo que fuera”.
El 30 de abril en el teatro Metropólitan Javier Corcobado celebrará con el público mexicano sus cuatro décadas de carrera. Para la conmemoración presentará el nuevo álbum doble Solitud y Soledad, vigésimo material oficial en su carrera que reúne 20 temas.
Solitud ofrece 10 composiciones nuevas con la fuerza del rock más visceral, mientras Soledad revisita piezas emblemáticas de su trayectoria con duetos junto con Alaska, Andrés Calamaro, Nacho Vegas, Marc Gili (del grupo Dorian) y Jorge Martí (de La Habitación Roja), entre otros artistas.
