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n mayo de 1990, Carlos Salinas de Gortari, entonces inquilino de Los Pinos, envió al Congreso una iniciativa de reforma constitucional para privatizar la banca comercial, con el fin, dijo, de “democratizar el capital”. Fue aprobada por la mayoría prianista y entre 1991 y 1992 se vendieron las instituciones resultantes de la expropiación lópezportillista de 1982. El resultado de esa “democratización” fue el mismo que garantizó el régimen neoliberal al gran capital: privatizar las ganancias y socializar las pérdidas. Así de sencillo.
Antes de esa iniciativa, la propiedad de la banca era mayoritariamente del Estado; tras ella, se entregó a un grupúsculo de barones nacionales sólo para que la exprimieran, la quebraran y, tras el “rescate” con cargo al erario, la extranjerizaran (libre de impuestos), en el circuito eterno del régimen neoliberal: las ganancias para unos pocos y las pérdidas para los millones de mexicanos que más tres décadas después siguen pagando los platos rotos de los barones del dinero, amén de la hiperconcentración de la actividad sectorial. Ése es, en esencia, el resultado de la “democratización” salinista del capital bancario, refrendado por los siguientes gobiernos prianistas e intocado por la 4-T.
A 34 años de tal iniciativa, el balance es el siguiente: cerca de 3 billones de pesos en utilidades netas acumuladas por la banca privada, y el eterno saldo de los pasivos del Fobaproa-IPAB, que al cierre de enero pasado sumaban un billón 152 mil 412 millones de pesos, con todo y que –hasta ahora– los mexicanos han pagado más de 2 billones de pesos sólo por intereses, de tal suerte que las ganancias de los barones han sido 1.6 veces superiores a la deuda del “rescate” zedillista, sin considerar los intereses ya cubiertos.
Y el cuento de hadas, cinismo incluido, continúa: dice el presidente de la Asociación de Bancos de México (ABM), Emilio Romano, que las instituciones del sector privado “tienen una rentabilidad razonable” que les permite “tener las condiciones para financiar los proyectos del país y continuar creciendo en paz”. En los hechos, sus utilidades crecen como la espuma y el financiamiento se mantiene como asignatura pendiente. Sólo en 2025, las ganancias “razonables” sumaron 305 mil millones de pesos, mientras en materia de crédito productivo México ocupa una de las últimas posiciones a nivel global (incluso por debajo de Perú y Colombia), lo que no es novedad, pues ha sido la norma desde la reprivatización salinista de 1991-1992.
▲ Emilio Romano, presidente de la Asociación de Bancos de México, durante la más reciente convención del gremio en Cancún, Quintana Roo.Foto ABM
Sólo como ejemplo, según información difundida por la Presidencia de la República en enero pasado, el crédito de la banca comercial que opera en el país es por demás insuficiente, por no decir raquítico. Al cierre de 2024, como proporción del producto interno bruto (PIB) Japón otorgaba el equivalente a 196 por ciento; Estados Unidos, 192; Corea, 176; Francia, 113; Chile, 110; Alemania, 82; Brasil, 72; Italia, 64; Turquía, 50; Perú, 46; Colombia, 42 y México, 33. “México es el segundo país con menor crédito total al sector no financiero, el tercero en menor crédito a los hogares y el duodécimo con menor crédito al sector no privado”.
No es casual ni novedoso que en una convención tras otra (como la más reciente, la número 89, en Cancún) la “atenta solicitud” del gobierno en turno haya sido, es, “aumenten el crédito” productivo, porque “la banca mexicana (es un decir) todavía tiene mucho que dar al país; le ha dado, pero necesitamos que le dé más” (presidenta Sheinbaum dixit).
Eso sí, por promesas la banca no para. Ahora, en la reciente convención en Cancún, el propio Emilio Romano se “comprometió” a lo siguiente: “Estamos preparados, listos y dispuestos a llevar el crédito como proporción del PIB a 45 por ciento; eso es invertir más de 5 billones de pesos de aquí a 2030 y potenciar y acelerar el desarrollo del plan de inversiones, que tiene un efecto multiplicador muy grande”.
En respuesta, la presidenta Sheinbaum dijo: “La mejor noticia con la que nos podemos ir hoy ( de la convención) es que van a aumentar el crédito a 45 por ciento del PIB. Ése es el compromiso de la banca en México”, es decir, el mismo que año tras año incumple.
Y colorín colorado, este cuento salinista de hadas no ha acabado, porque en la siguiente convención bancaria se repetirán solicitudes y “compromisos” (tradicionalmente desoídas e incumplidos), mientras los barones se hinchan de utilidades y los mexicanos no dejan de pagar el “rescate”.
Las rebanadas del pastel
El esperpéntico Javier Milei no sólo mata de hambre a los argentinos, sino que ahora los involucra en la guerra contra Irán. Un asco.
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