Ah, la unidad de la izquierda. Uno de esos temas míticos a los que siempre volvemos, como el continente perdido de la Atlántida o si fueron los egipcios quienes construyeron las pirámides o unos extraterrestres a la búsqueda de nuevos mercados para su negocio de pompas fúnebres. La izquierda no socialdemócrata –a mí me gusta la palabra radical– siempre ha estado dividida. Que se lo pregunten a Marx y Bakunin.
La cosa pierde su gracia cuando esa división, que de entrada no podemos considerar artificial, puede contribuir a una victoria nítida de la derecha y la extrema derecha en las próximas elecciones generales. Esa bala se esquivó en 2023 gracias a la formación de Sumar y su 12% de votos, aunque no fuera el único factor de esa remontada en el último minuto. Ahora ya no parece que existan las mismas opciones, aún más con la caída del PSOE, acelerada por el peso muerto que suponen las acusaciones contra Ábalos y Cerdán. ¿Está ya todo el pescado vendido o todavía hay tiempo de volver a salir a la mar?
