▲ La jefa de Gobierno capitalina, acompañada por Jürgen Mainka, responsable de la FIFA en México, ayer en el anuncio de las acciones en el Campo Marte.Foto Roberto García Ortiz
Juan Manuel Vázquez
Periódico La Jornada
Viernes 13 de marzo de 2026, p. a10
Dice Jürgen Mainka, responsa-ble de la FIFA en México, que el Mundial se juega en los estadios, pero se vive en la sociedad y en la proximidad espontánea de las comunidades. Ahí es donde cobra significado esta fiesta de futbol y donde se construye la memoria colectiva en torno a un acontecimiento deportivo. Un reto para las autoridades de este país que buscan la manera para que es-te torneo –que se ha vuelto cada vez más sofisticado en sus exigencias y con costos exagerados que lo vuelven un lobby de privilegiados–, sea en verdad inclusivo. Si para entrar a la inauguración en el estadio Azteca el 11 de junio hay que pagar casi 7 mil pesos por el boleto más económico, y hasta 33 mil por una mejor zona, la Copa del Mundo está cada vez más lejos de la gente.
Entonces la idea de que “Otro Mundial es posible” se convierte en algo más que en un eslogan y adquiere la categoría de exigen-cia de política pública para el gobierno de la Ciudad de México. El propósito es aprovechar la coyuntura de este acontecimiento de-portivo para desarrollar medidas en beneficio permanente de todos. De ahí parten acciones para que no sea sólo un evento circunscrito a los estadios y espacios reservados por la FIFA para quienes tengan el privilegio de tener un boleto, sino para que se convierta en una experiencia social, inclusiva y con la garantía del respeto y cuidado de los derechos fundamentales de los ciudadanos.
“El Mundial volvió a nuestra ciudad, pero lo hace en un momento de pleno proceso de transformación”, dijo Clara Brugada en la presentación de la agenda de derechos humanos rumbo al Mundial 2026, celebrada en el Campo Marte, que durante el torneo operará como centro de medios.
“Esta ciudad es pionera histórica en la conquista de derechos democráticos de las mujeres, de la diversidad sexual, la integración social y defensa de la democracia. De tal modo que en esta ciudad, vivir el Mundial no sólo se tratará de logística, infraestructura y seguridad, que por cierto, están garantizadas”, agregó la jefa de Gobierno.
El objetivo –enfatizó– es que tanto las obras y la agenda de derechos de los ciudadanos, un tema necesario durante este evento, permanezcan más allá de las cinco semanas que dure el torneo.
Las citas deportivas globales suelen exigir grandes inversiones en los países donde se realizan; el temor de que la nueva infraestructura termine reducida a páramos y paisajes desoladores siempre está latente. Por ejemplo, los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 dejaron un escenario posapocalíptico de instalaciones abandonadas, un entorno urbano más adecuado para una producción de ciencia ficción que para practicar deporte. El presidente del Comité Olímpico de Grecia, Spyros Capralos, reconoció hace poco que su país no tenía un plan de desarrollo para después de esos Juegos; en la actualidad, hay un proyecto de rescate para algunos de esos espacios que necesitará un gasto más de 50 millones de euros de fondos públicos, pero que también apelará al capital privado.
La transparencia será por lo tanto un derecho fundamental en este Mundial –reiteraron los funcionarios del actual gobierno capitalino– y se creará un portal para comprobar en dónde se utilizan los recursos públicos; con el compromiso de que todo gasto será para obras que permanecerán en beneficio de la ciudad y la población.
En la actualidad no sólo los preparativos de la infraestructura están bajo la mirada crítica de diversas organizaciones. En las dos ediciones recientes, Rusia 2018 y, sobre todo, Qatar 2022, se documentaron violaciones recurrentes a lo derechos humanos. La lista es amplia y preocupante; incluye discriminación contra la diversidad sexual, explotación laboral a migrantes, trata de personas y la muerte de trabajadores durante la construcción de las instalaciones deportivas.
Ante eso, el gobierno de la Ciudad de México –explicó Brugada– identificó los problemas que se enfrentaron en otros mundiales; esas experiencias las analizaron y de ahí surgieron algunas propuestas para este proyecto.
La agenda está compuesta por 119 acciones que involucran a todas las dependencias de la ciudad. Algunas tienen que ver con la prevención y atención inmediata contra actos de discriminación y racismo. Otras, para garantizar el cuidado y respeto de derechos fundamentales, entre otros los de acceso a la educación y la cultura. Y un apartado estratégico contra la trata de personas por razones sexuales o laborales, una preocupación creciente cuando se realizan actividades de alcance global como los mundiales.
El gobierno de la ciudad firmó también un convenio con Unicef para proteger a las infancias en el contexto de la Copa del Mundo. Y para vigilar que el espíritu de que Otro Mundial es posible, Brugada anunció la creación de la Secretaría del Deporte capitalino y nombró como titular a Javier Hidalgo, funcionario que en el pasado estuvo a cargo del Instituto del Deporte de esta ciudad.
A noventa días del comienzo del Mundial, el tercero varonil en México, queda claro que no sólo es una fiesta futbolera, sino una experiencia social de interés público.
