Los departamentos de Recursos Humanos en España se enfrentan a un problema cada vez más evidente: diseñan programas de formación que, pese a contar con presupuesto y contenidos de calidad, apenas generan interés entre los empleados. El patrón se repite una y otra vez: se lanza una formación, la leen muchos, se apuntan pocos y, finalmente, asiste solo una parte de los inscritos… muchas veces con la atención dividida.
Según Coté Soler, CEO de BeLiquid, el problema no está en la calidad de los cursos ni en la inversión, sino en el enfoque.
“Cuando los departamentos de formación crean cursos, están desalineados con la necesidad real de quien los recibe. Por eso hay que empezar a pensar con una mentalidad de marketing 100%”, afirma.
Desde BeLiquid señalan que muchas empresas aplican una lógica muy distinta cuando venden un producto a un cliente externo que cuando ofrecen formación a sus propios equipos. Mientras que para el cliente se analizan necesidades, puntos de dolor y expectativas, en la formación interna se diseñan programas basados en hipótesis internas o peticiones puntuales de la dirección, sin validar si responden a una necesidad real del trabajador.
“La clave está en aunar los objetivos de la empresa con las necesidades reales de las personas”, explica Soler. “La pregunta no es qué curso quiero impartir, sino qué problema serio estoy ayudando a resolver en la vida profesional de esta persona”.
Del “curso de liderazgo” a hablar el idioma del trabajador
BeLiquid ha comprobado este enfoque en casos reales. Uno de ellos, una gran cadena de talleres de automoción, se enfrentaba al rechazo sistemático de sus jefes de taller hacia cualquier formación. El planteamiento inicial era lanzar un curso clásico de liderazgo o comunicación.
“El problema es que si yo soy jefe de taller y me ofrecen un curso de liderazgo, pienso que ya sé liderar. Mi dolor no soy yo, es mi equipo”, explica Soler. La solución fue cambiar radicalmente el enfoque y el lenguaje. El curso dejó de presentarse como “liderazgo” y pasó a formularse desde los problemas cotidianos del trabajador: menos conflictos, menos tensiones, más control del día a día y conversaciones difíciles mejor resueltas.
El resultado fue contundente: 100% de asistencia, incluso entre perfiles tradicionalmente poco receptivos a la formación, y valoraciones muy altas en las encuestas posteriores. El 92% de los participantes calificó la experiencia como “perfecta” y el 84% afirmó sentirse orgulloso de trabajar en una empresa que apuesta por formatos de formación innovadores.
“Cuando vendes un coche no hablas de hierros y ruedas, hablas de seguridad, de familia y de recuerdos. Con la formación pasa exactamente lo mismo”, concluye Soler. “Si conectas con lo que de verdad importa a tus equipos, no tendrás que convencerles de que vayan a formarse: querrán ir”.
