Retratan apología al suicidio en las redes sociales en la cinta Molly vs the machines
▲ El padre de Molly Russel, –quien se quitó la vida cuando tenía 14 años– habla sobre el estreno de Molly vs the machines, documental que habla sobre las repercusiones que tienen las redes sociales en los adolescentes.Foto Afp
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Periódico La Jornada
Miércoles 4 de marzo de 2026, p. 9
Londres. Hace casi una década, Molly Russell se quitó la vida cuando tenía 14 años después de haber visto contenidos en línea que hacían apología del suicidio. Ahora, su padre, convertido en activista de la protección de los menores en el ámbito digital, espera concienciar tras el estreno el domingo de un documental sobre esta tragedia.
La llegada a las pantallas británicas de la película documental Molly vs the machines (Molly contra las máquinas), de Marc Silver, “hará resurgir parte del dolor”, lamenta Ian Russell, de 62 años, en una entrevista a la Afp en Londres.
Pero el padre espera que la cinta muestre que el caso de Molly, quien se suicidó el 21 de noviembre de 2017, no es aislado y “haga evolucionar” el debate sobre el impacto de las redes sociales en los niños.
Aunque Russell denuncia la responsabilidad de las plataformas “diseñadas con fines de lucro” en la pérdida de su hija, no aboga por una restricción de las redes para los adolescentes, una medida contemplada por varios países, tras la prohibición aprobada recientemente en Australia.
Russell considera más eficaz combatir la impunidad de los gigantes tecnológicos que, según él, apuntan deliberadamente a personas vulnerables con algoritmos adictivos y las inundan de contenidos perjudiciales con fines lucrativos.
En 2022, una investigación judicial concluyó que Molly había muerto “por un acto de autolesión, mientras sufría depresión y los efectos negativos de contenidos vistos en Internet”. De las 16 mil 300 publicaciones que Molly había consultado en Instagram, durante los seis meses anteriores a su fallecimiento, unas 2 mil 100 trataban sobre depresión, autolesión o suicidio, estableció la investigación.
Sus interacciones con contenidos que promovían el suicidio se multiplicaron hasta que “se convenció de que no valía nada”, señala su padre.
“¿Cómo pudo Molly convencerse de eso? Para quienes tuvimos la suerte de conocerla, es incomprensible”, afirma.
Según los resultados de una encuesta publicada en octubre por la Molly Rose Foundation –asociación de prevención del suicidio cofundada por Russell–, 37 por ciento de los adolescentes había visto al menos una forma de contenido de alto riesgo relacionado con el suicidio, la autolesión, la depresión o los trastornos alimentarios durante la semana de la encuesta.
Según este sondeo, realizado antes de la entrada en vigor en julio de 2025 de las disposiciones sobre protección infantil de la ley británica de seguridad en línea, más de una cuarta parte (27 por ciento) de los adolescentes encuestados declaró haber consultado esos contenidos al menos 10 veces durante esa semana.
“Replantear” los algoritmos
La Molly Rose Foundation ha aplaudido algunas medidas legislativas propuestas por el gobierno británico, calificando de “primer paso bienvenido” la reciente prohibición impuesta a los asistentes virtuales de inteligencia artificial de producir contenidos ilegales o perjudiciales.
Esta prohibición se adoptó tras la polémica suscitada por la proliferación de imágenes manipuladas con IA de carácter sexual creadas por Grok, el sistema de conversación automatizado de X.
En enero, el regulador británico de medios, Ofcom, abrió una investigación dirigida a X y xAI –que desarrolló Grok– para determinar si respetaron la legislación sobre protección de datos en relación con imágenes manipuladas de carácter sexual.
Pero la fundación insta a ese órgano regulador a ir más lejos, exigiendo mayor transparencia a las plataformas y estableciendo límites de edad distintos, según la peligrosidad potencial de las herramientas que ofrecen.
La fundación querría que los algoritmos utilizados por las plataformas fueran “replanteados”, para promover contenidos “saludables” en lugar de “nocivos y tóxicos”.
Para Russell, estas medidas serían más eficaces que la prohibición australiana, que sólo cubre 10 plataformas y podría empujar a los menores hacia sitios marginales más peligrosos.
Pero el padre de Molly ve motivos para la esperanza, como el juicio que comenzó en febrero en California contra Meta (Instagram, Facebook) y YouTube (propiedad de Google), acusados de haber hecho deliberadamente adictivas sus plataformas para jóvenes.
