Los grandes momentos históricos requieren de discursos que estén a la altura. Palabras que no solo sean capaces de realizar un buen diagnóstico, sino que también tengan la habilidad de marcar un punto de inflexión sobre el tema a tratar. La comparecencia del presidente del Gobierno en relación con la invasión de EEUU y de Israel sobre Irán ha sido uno de esos discursos.
Las palabras de Pedro Sánchez han tenido la peripecia de replantear el conflicto desde Europa. A nivel nacional ha conseguido justificar la no intervención y defender la posición de “no a la guerra”, desactivando al mismo tiempo cualquier otra alternativa posible y dejando fuera de juego al principal partido de la oposición. Y a nivel internacional, sobre todo en el ámbito europeo, ha puesto de manifiesto dos cuestiones fundamentales.
