Hay una idea bastante extendida de que viajar por Europa implica asumir precios altos, colas interminables y ciudades desbordadas de turistas. Y sí, eso puede pasar en ciertos destinos concretos. Pero el continente es mucho más amplio que sus iconos más fotografiados. Existe otra Europa, menos mediática y mucho más asequible, donde dormir, comer y entrar en museos no supone hacer malabares con el presupuesto.
En estas ciudades el dinero cunde más. Puedes sentarte a cenar sin tener que estudiarte la carta, visitar sus principales monumentos sin que la entrada sea un pequeño susto y moverte en transporte público por muy poco. Pero no se trata solo de precios. Muchas de ellas arrastran historia, han sido escenario de imperios, guerras y reconstrucciones, y hoy combinan memoria y modernidad con bastante naturalidad. Viajar a estos destinos no es conformarse con menos, es descubrir otra cara de Europa, igual de interesante y, en muchos casos, más auténtica.
