Enero suele llegar con cierta sensación de agotamiento. Después de semanas de comidas copiosas, encuentros encadenados y una agenda más llena de lo habitual, apetece bajar el ritmo. Parar un poco y cambiar de aires. No tanto para hacer cosas, sino para dejar de hacerlas.
En ese momento, viajar puede convertirse en una forma sencilla de resetear. No se trata de ir muy lejos, sino de elegir destinos tranquilos, donde el tiempo cunde más y no hay necesidad de llenar de planes cada día. Una escapada más pausada, que ayude a despejar la cabeza y a dejar atrás el exceso de estímulos propio de las semanas previas.
