Cuando las temperaturas bajan y las primeras lluvias humedecen el suelo, los bosques cambian de aspecto. Las hojas empiezan a teñirse de dorado, el aire huele distinto y los paisajes se llenan de una luz más suave. Es la época en la que los parques nacionales se transforman tras el verano, con una cara más tranquila, más silenciosa y más acogedora.
El otoño es un momento perfecto para recorrerlos. Las sendas se vacían, los colores se multiplican y hasta el sonido del agua parece diferente. Hay una calma que no se encuentra en otras estaciones y que convierte cualquier escapada en algo especial. Tras el calor veraniego el otoño se coge con ganas y no hay mejor sitio para disfrutarlo que los bosques.
