El brutalismo es uno de esos estilos arquitectónicos que provoca adhesiones instantáneas o rechazos viscerales. Surgido en la posguerra en un contexto de necesidad ingente de nueva construcción rápida y barata, y con el béton brut (hormigón bruto) como principal material, este movimiento defendía una estética basada en la estructura desnuda, la funcionalidad y las formas geométricas rotundas.
El brutalismo se basa en una arquitectura directa, sin adornos, que confiaba en la claridad constructiva como expresión ética y artística. Aunque durante décadas fue criticada por su supuesta frialdad y crudeza, hoy vive un renovado interés: edificios que antes parecían pesados o ásperos se leen ahora como piezas originales, radicales y profundamente contemporáneas.
