Semana Santa es, posiblemente, uno de los mejores momentos del año para viajar a Marruecos. No hace el calor extremo del verano, y aunque las noches en el desierto son frescas y las montañas del Atlas pueden conservar algo de nieve en las cumbres, los días son lo suficientemente largos y las temperaturas agradables. Además, si sumas los fines de semana, es relativamente fácil disponer de ocho o nueve días reales, el tiempo justo para hacer una ruta completa sin ir a la carrera.
Para viajar a Marruecos la clave está en plantear bien el recorrido y decidir el medio de transporte. Podemos cruzar con nuestro propio vehículo en ferri, pero si queremos llegar a Marrakech y al desierto de Merzouga tendríamos que hacer una ruta circular que, aun siendo viable, implicaría un importante atracón de kilómetros y visitas demasiado rápidas. Así que te vamos a proponer otra opción: volar a Marrakech, alquilar allí un coche, y hacer un viaje lineal hasta terminar en Tánger, desde donde volveríamos en avión a casa. Devolver el coche en un lugar diferente al de recogida conllevará un extra económico, pero suele merecer la pena.
