En los últimos tiempos, asistimos a un término que, sin querer, se está colando -y dejando una huella imborrable- en determinados sectores tanto productivos como sociales: “humanización”. Y aquello que se humaniza son cosas tan tangibles (calles) como intangibles (software). Siempre con un foco claro: lograr el mayor beneficio para las personas.
En este primer cuarto de siglo ya damos por supuesto y sabido que cualquier organización, empresa, que se precie cuenta con un conjunto mínimo de herramientas tecnológicas: ERP, CRM y demás acrónimos que nos hacen pensar en una mayor eficiencia de la empresa, en unos mayores ahorros de coste, en un aumento de la competitividad de dicha empresa en su sector. Pero..¿y el cliente? ¿Acaso con la implantación de ese kit tecnológico el usuario final ve, capta, “siente” un mayor beneficio en el servicio prestado?
La empresa Velneo hace su apuesta con un software capaz de “transmitir” sensaciones a los usuarios finales que son, en definitiva, quienes deben recoger y disfrutar de los beneficios de esa tecnología humanizada.
En este sentido, los desarrollos de software para residencias geriátricas van muchos pasos por delante. Y ya no se conforman con poner sobre la mesa un ERP que permita integrar facturación, contabilidad o remesas de recibos. A fin de cuentas, estas capacidades ya llevan 20 años en numerosos softwares de la industria. Veinte años que no son nada, que diría Gardel, pero que son casi retrotraernos al Paleolítico del software empresarial.
¿Qué precisa una residencia geriátrica hoy, en términos tecnológicos?
Puntos de inflexión. Herramientas que supongan dichos puntos de cara a sus usuariso finales: las familias que esperan, de manera diaria, información sobre sus seres queridos. Puesto que no hay dos personas iguales -y mucho menos cuando son de avanzada edad- las soluciones de Velneo para los geriátricos monitorizan, y comparten en tiempo real con sus familias, qué comen, qué medicaciones toman, constantes vitales y cómo es su evolución diaria.
Y no se trata de poner sobre la mesa un compendio de datos de nuestros seres queridos tres veces al día, información que en ocasiones los familiares quizás no podrán procesar. Sino que pueda haber una plataforma de comunicación entre centro y familia completamente personalizada, con alertas cuando algunos valores -por exceso o por defecto- se salgan de esa franja.
La cohabitación silenciosa de la tecnología con los residentes permite diseñar sistemas inteligentes basados en una monitorización proactiva. No se espera a que ocurra un incidente. Mediante el análisis de los datos recogidos, los profesionales de los centros geriátricos pueden adelantarse a distintos posibles escenarios y ganar un tiempo precioso para poner en marcha la solución más óptima, claro ejemplo de medicina preventiva real.
