1. ¿Qué es la migraña y por qué se considera una enfermedad neurológica
compleja?
Si sufres migraña, es muy probable que alguna vez te hayan dicho —o te hayas dicho a ti misma/o— frases como: “seguro que es algo que comes”, “el chocolate te da migraña” o “deberías eliminar muchos alimentos”. Y aunque la alimentación puede influir, la realidad es bastante más compleja que una simple lista de alimentos prohibidos. Aquí nuestros nutricionistas online con estos consejos os podrán ayudar.
La migraña no es “solo un dolor de cabeza”. Es una enfermedad neurológica crónica y altamente discapacitante, considerada una de las principales causas de pérdida de calidad de vida a nivel mundial. Se caracteriza por crisis recurrentes de cefalea, generalmente pulsátil, de intensidad moderada a severa, acompañadas con frecuencia de náuseas, vómitos, fotofobia y fonofobia, y en algunos casos aura (migraña clásica) u otros síntomas neurológicos transitorios.
Se considera una enfermedad neurológica compleja y multifactorial porque en su desarrollo intervienen factores genéticos, hormonales y ambientales, junto con mecanismos neurológicos, vasculares, metabólicos e inflamatorios. Entre ellos destaca la activación del sistema trigeminovascular, que juega un papel clave en la generación del dolor migrañoso. Además, la migraña suele coexistir con otras condiciones (ansiedad, trastornos del sueño, síndrome de intestino irritable, alteraciones metabólicas) y se ve claramente influida por el estilo de vida.
En este contexto, la alimentación no actúa como una causa única ni universal, pero sí puede modular la frecuencia, intensidad o duración de las crisis en determinadas personas. Comprender cómo y por qué ocurre esta relación es fundamental para evitar restricciones innecesarias y adoptar un enfoque nutricional más eficaz y personalizado.
2. ¿Existe una relación real entre la alimentación y la migraña?
Sí, existe una relación entre la alimentación y la migraña, pero no es ni directa ni igual para todas las personas. La dieta no suele actuar como una causa única, sino más bien como un factor modulador que puede influir en la frecuencia, intensidad o duración de las crisis en personas susceptibles.
Aproximadamente un 27–30% de las personas con migraña identifican determinados alimentos o hábitos dietéticos como posibles desencadenantes. Sin embargo, estas asociaciones son muy variables y dependen en gran medida de la susceptibilidad individual, del contexto fisiológico y de otros factores del estilo de vida.
Muchos pacientes describen una conducta de consumo repetido de ciertos alimentos – como chocolate, alcohol, café o productos fermentados y con aditivos – que perciben como desencadenantes. Sin embargo, estas asociaciones no son universales y dependen de la susceptibilidad individual. Como consecuencia, es frecuente que se desarrollen conductas de evitación alimentaria, incluso cuando la evidencia científica no las respalda, lo que puede conducir a dietas innecesariamente restrictivas y aumentar el riesgo de déficits nutricionales.
En conjunto, los datos apoyan que la alimentación tiene un papel clínicamente relevante a nivel individual, especialmente en relación con ciertos alimentos, el ayuno y ciertos hábitos dietéticos. Sin embargo, no permite establecer listas de alimentos prohibidos, lo que refuerza la importancia de un abordaje nutricional personalizado.

3. ¿Qué mecanismos fisiológicos explican la influencia de la alimentación en la migraña?
La influencia de la alimentación en la migraña se explica por la participación de múltiples mecanismos fisiopatológicos interrelacionado. La dieta puede modular:
- La activación del sistema trigeminovascular
- La liberación de mediadores como el péptido relacionado con el gen de la calcitonina (CGRP)
- La inflamación neurogénica, procesos centrales en la fisiopatología de la migraña.
Además, se describen:
- Alteraciones del metabolismo energético cerebral, incluyendo la regulación de la glucosa y la función mitocondrial
- Un aumento del estrés oxidativo.
- Vasodilatación mediada por óxido nítrico y modificar la excitabilidad neuronal y la neurotransmisión (por ejemplo, serotonina), de algunos componentes alimenticios.
La dieta también puede influir a través del eje intestino–cerebro, modulando la microbiota intestinal y los procesos inflamatorios sistémicos, e incluso mediante mecanismos epigenéticos que afectan la expresión génica relacionada con la migraña. En conjunto, estos mecanismos reflejan la naturaleza compleja y multifactorial de la interacción entre alimentación y migraña.

4.¿Qué alimentos se asocian con mayor frecuencia a las crisis de migraña?
Existen diversos alimentos y componentes dietéticos comúnmente reportados como desencadenantes de migraña, aunque la evidencia disponible es heterogénea, procede mayoritariamente de estudios observacionales y presenta una alta variabilidad interindividual. No existen desencadenantes universales y la respuesta depende del contexto personal, la cantidad consumida y otros factores como el estrés, el ayuno o el estado hormonal.
- Alcohol (especialmente vino tinto)
Es uno de los desencadenantes más frecuentemente reportados en personas con migraña. Entre un 20–35% de los pacientes refieren el alcohol como precipitante, siendo el vino tinto el más implicado.
No obstante, solo una minoría de personas presenta crisis de forma consistente tras su consumo. Los mecanismos propuestos incluyen la vasodilatación meníngea, la liberación de óxido nítrico, el aumento de dopamina y la activación del CGRP. Los resultados varían significativamente según la población estudiada y el diseño metodológico.
- Cafeína (exceso y retirada)
La cafeína presenta un efecto dual en la migraña. Por un lado, puede tener un efecto analgésico y se utiliza como coadyuvante en algunos tratamientos agudos. Por otro, el consumo elevado o la retirada brusca en consumidores habituales puede desencadenar crisis migrañosas.
No existe una relación causal clara, y que la susceptibilidad individual, posiblemente con base genética, y la regularidad del consumo son factores clave.
El chocolate es identificado como desencadenante por entre un 1–30% de los pacientes con migraña. Sin embargo, los estudios provocativos controlados no han demostrado diferencias claras frente a placebo.
El consumo de chocolate podría representar un síntoma premonitorio (antojo o craving) previo a la crisis, más que un desencadenante causal. Los posibles mecanismos incluyen la acción sobre dopamina, serotonina, óxido nítrico y cafeína, aunque la evidencia experimental es débil.
- Glutamato monosódico (MSG)
La evidencia sobre el glutamato monosódico es limitada y controvertida. Los estudios indican que el MSG añadido a alimentos sólidos no suele desencadenar migraña. Sin embargo, dosis altas disueltas en líquidos pueden provocar cefalea en algunos estudios, aunque con importantes problemas metodológicos, como cegamiento deficiente.
Se propone un mecanismo relacionado con la activación glutamatérgica y la sensibilización nociceptiva, pero no existen pruebas sólidas de que sea un desencadenante universal.
Los nitratos y nitritos, presentes principalmente en carnes procesadas, pueden inducir cefaleas inmediatas o retardadas mediante la liberación de óxido nítrico y la vasodilatación. Aproximadamente un 5% de las personas con migraña registran ataques en días de consumo.
Aunque la asociación existe, la evidencia no es concluyente para la población migrañosa en general.
- Alimentos procesados y ultraprocesados:
Se relacionan con migraña por su contenido en aditivos, nitratos, sodio y conservantes. La evidencia es principalmente observacional, sin establecer causalidad directa, y su efecto parece depender de la sensibilidad individual.
Asociadas por su contenido en nitratos y nitritos, que pueden inducir cefalea por mecanismos vasodilatadores. Solo una minoría de pacientes muestra sensibilidad clara.
Presente en quesos curados, alimentos fermentados y algunas carnes procesadas, ha sido históricamente asociada a la migraña, especialmente en personas tratadas con inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAO).
Algunos estudios observan niveles más altos de tiramina en migraña crónica, pero los ensayos con dietas bajas en tiramina no han demostrado una reducción consistente de las crisis. La evidencia es contradictoria.
Los quesos y lácteos se han asociado tradicionalmente a la migraña por su contenido en tiramina. Sin embargo, los estudios muestran resultados inconsistentes, y el efecto parece limitarse a subgrupos específicos de personas sensibles.
Existe una lista amplia de posibles desencadenantes de migraña, entre los que se incluyen: chocolate, cítricos, frutos secos, helado, tomate, cebolla, lácteos, bebidas alcohólicas, café/cafeína, MSG, histamina, tiramina, feniletilamina, nitritos, edulcorantes artificiales (aspartamo, sucralosa) y gluten.

La respuesta depende de la dosis, el momento de consumo, la posible retirada (como en el caso de la cafeína) y que algunos desencadenantes solo aplican a subgrupos específicos, como personas con celiaquía o respuestas inmunológicas particulares.
5. ¿Por qué el ayuno podría provocar migraña?
El ayuno como desencadenante conductual, es frecuente y se asocia a hipoglucemia y estrés metabólico, y considerándose más consistente que muchos alimentos concretos. De echo, hay ciertas dietas muy extremas con periodos de ayuno muy largos o con ingesta de glucosa muy disminuida como en el caso de la dieta keto o cetogénica qué provoca dolores de cabeza en personas sanas.
Distintos estudios señalan que saltarse comidas y el ayuno prolongado se asocian con una mayor frecuencia de crisis migrañosas. El ayuno es uno de los desencadenantes dietéticos más consistentemente reportados, incluso con mayor relevancia que muchos alimentos específicos.
Este efecto se asocia a alteraciones metabólicas, como la hipoglucemia, así como al incremento del estrés fisiológico, factores que pueden facilitar el inicio de la crisis. Por ello, el ayuno y la omisión de comidas son elementos propios en la experiencia migrañosa de muchos pacientes.

6. ¿Qué papel juega la hidratación en la migraña?
La deshidratación y la ingesta insuficiente de líquidos se identifican como posibles desencadenantes de migraña, junto con otros factores como el estrés y las condiciones climáticas. Existe una asociación entre deshidratación y aparición de crisis.
No obstante, la evidencia disponible es heterogénea y procede mayoritariamente de estudios observacionales. No se establecen cantidades óptimas de líquidos ni protocolos específicos de hidratación, limitándose la recomendación a evitar la deshidratación como medida general.

7. ¿Existen patrones dietéticos que puedan ayudar a prevenir o reducir la migraña?
Diversos patrones dietéticos se han propuesto como potencialmente beneficiosos entre ellos están: dieta mediterránea, dietas bajas en ultraprocesados, dietas de bajo índice glucémico, dietas cetogénicas o bajas en carbohidratos (en contextos seleccionados). Aunque la evidencia es prometedora pero aún limitada.

De forma más específica se puede concluir sobre las siguientes dietas que:
- Dietas de eliminación pueden ser útiles cuando se identifica un desencadenante real y reproducible, aunque la eliminación de múltiples alimentos sin confirmación puede conducir a dietas excesivamente restrictivas, aumento del estrés alimentario y déficits nutricionales, por lo que no se recomienda la eliminación sistemática ni prolongada de alimentos sin una evidencia individual clara.
- Dieta cetogénica ha mostrado resultados prometedores en algunos pacientes, con reducción de la frecuencia e intensidad de las crisis, posiblemente a través de la mejora del metabolismo energético cerebral, la reducción de la excitabilidad neuronal, la modulación de neurotransmisores y una posible influencia sobre la microbiota intestinal y la inflamación. No obstante, es una dieta de difícil adherencia y no adecuada para todos los pacientes, lo que limita su aplicación generalizada.
- La dieta Atkins modificada, como variante menos restrictiva de la cetogénica, podría ofrecer beneficios comparables en algunos casos, compartiendo mecanismos como el uso de cuerpos cetónicos y una mayor estabilidad energética cerebral.
- Dieta baja en grasa se ha asociado a una disminución de la frecuencia, duración e intensidad de la migraña, así como con una menor necesidad de medicación, aunque los estudios disponibles son pequeños y no permiten establecer una relación causal clara.
- Dieta alta en folato podría ser relevante en subgrupos específicos, especialmente en personas con alteraciones del metabolismo de la homocisteína, si bien la evidencia no es suficiente para recomendarla de forma generalizada.
- Dieta alta en omega-3/baja en omega-6 han mostrado resultados prometedores en la reducción de la frecuencia y severidad de la migraña, probablemente debido a su capacidad para reducir la inflamación neurogénica y el dolor. El beneficio parece depender más de la modificación del equilibrio de ácidos grasos en la dieta que del uso de suplementos aislados. La dieta mediterránea se considera una opción plausible y segura por su perfil antiinflamatorio y su elevada calidad nutricional, aunque existen pocos estudios específicos centrados en migraña.
- De forma similar, la dieta DASH se menciona como potencialmente beneficiosa por su impacto sobre la inflamación y la salud vascular, aunque los datos específicos en migraña son aún escasos.
- Dietas de bajo índice glucémico podría resultar beneficiosas al evitar picos y caídas bruscas de glucosa, lo que apoya la hipótesis de un metabolismo energético cerebral alterado en la migraña. Aunque la evidencia es limitada, estos hallazgos son coherentes con el papel del ayuno y la omisión de comidas como desencadenantes frecuentes.
Finalmente la dieta mediterránea se describe como un patrón plausible y seguro, caracterizado por un alto consumo de frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, aceite de oliva y pescado, y un bajo consumo de alimentos ultraprocesados. Su posible beneficio en la migraña se atribuye a su perfil antiinflamatorio, su efecto favorable sobre la salud vascular y su elevada calidad nutricional.

Por tanto, si en tu caso sufres de migrañas, gracias a los consejos sobre alimentación que nuestros expertos nutricionistas en Sevilla y Málaga os acaban de dar, podréis definitivamente encontrar la solución a vuestro problema. Si aún. así necesitas ayuda de nuestros especialistas en nutrición, no dudes en escribimos para poder tratar vuestro caso de forma personalizada. Reserva ya tu cita!
