La pupila, el ADN o la huella dactilar no son los únicos detalles que pueden identificar a un ser humano. Cada persona es única en muchos aspectos y cada día la ciencia conoce más biomarcadores con los que diferenciar a un individuo de otro, información que puede ser de utilidad para, por ejemplo, obtener contraseñas más seguras y fáciles de utilizar.
Igual que los lectores de huellas dactilares se han popularizado en los teléfonos móviles para desbloquear tanto el dispositivo como las aplicaciones en su interior con más rapidez y seguridad, nuevos productos como las gafas de realidad virtual reclaman soluciones similares y podrían encontrarlas escuchando las vibraciones internas del cuerpo humano.
Cada persona vibra en su interior a un ritmo propio. Por muy poética que pueda sonar esta afirmación, diversos estudios científicos demuestran este hecho, resaltando la respiración y el latido del corazón, además de las vibraciones que estos producen en el resto de órganos y tejidos del cuerpo. Por ello, investigadores de la Universidad de Rutgers en Nueva Jersey, Estados Unidos, han decidido aprovechar esta huella personal para identificar individuos mediante un nuevo sistema informático de seguridad.
Igual que las facciones faciales o la huella dactilar sirven para desbloquear el teléfono, las vibraciones craneales podrían usarse en dispositivos de realidad virtual y aumentada, mundos a los que se accede mediante gafas virtuales como las Vision Pro de Apple o las Meta Quest.
La idea es que el usuario pueda identificarse y acceder a las distintas aplicaciones o plataformas sin tener que interrumpir la experiencia inmersiva al quitarse las gafas para teclear la contraseña en el teléfono o escanear su rostro.
Tambores en tu cabeza
El hecho de estar vivos resuena en el propio cráneo: la respiración y los latidos del corazón producen vibraciones en todo el cuerpo, en tejidos, músculos y huesos, y como tal, en el cráneo. Esas minúsculas vibraciones que, evidentemente, no se pueden sentir en primera persona, siguen unos patrones únicos en la estructura ósea y los tejidos blandos faciales de cada persona, según un estudio.
Otros estudios han analizado con anterioridad los patrones respiratorios, en algunos casos pudiendo identificar a quién pertenece con un 96,8% de éxito. A este patrón reconocible, se suma el ritmo cardíaco, otra herramienta biométrica que investigadores de la Universidad Carlos III de Madrid analizaron hace años para identificar a personas.

Probando el metaverso con las Meta Quest Pro.
Omicrono
Ambos factores, estudiados en diferentes proyectos de investigación, componen una banda sonora única que se extiende por el interior del cuerpo hasta llegar a la cabeza, donde provocan una ligera vibración.
Dado que cada cráneo tiene una forma, grosor y estructura ósea diferentes, las vibraciones varían de forma única al propagarse por la cabeza de cada persona. Los tejidos blandos del rostro, como los músculos y la grasa, también influyen en la transmisión de estas vibraciones.
Contraseña para gafas de VR
“La realidad extendida (XR) ( combinación de realidad virtual, aumentada y mixta) desempeñará un papel fundamental en nuestro futuro”, explica Yingying Chen, catedrática y directora del departamento de ingeniería eléctrica e informática de la Facultad de Ingeniería de Rutgers; la autora principal de este proyecto que se inició en 2019. “Si los sistemas inmersivos se van a integrar en la vida cotidiana, la autenticación debe ser segura, continua y sencilla”, añade.
Ya sea para ver películas o contenidos inmersivos en alguna plataforma o acceder a herramientas de trabajo, las aplicaciones y herramientas instaladas en estas gafas también reclaman el uso de contraseñas y sistemas de seguridad como ocurre en el móvil, televisor u ordenador. Para ingresar este paso de seguridad, cada modelo ha optado por diferentes opciones.
Por ejemplo, las Apple Vision Pro cuentan con cámaras infrarrojas para analizar el iris de los ojos del usuario y así evitar tener que quitarse las gafas. Mientras que modelos como las Meta Quest no integran estas opciones, siendo más baratas.

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El proyecto de la Universidad de Rutgers propone leer el ritmo de las vibraciones craneales sin necesidad de aplicar grandes cambios en el diseño de dispositivos que ya están en el mercado. Aquellas marcas que quieran integrar esta innovación en sus dispositivos podrán lograrlo de forma sencilla, pues aseguran los investigadores que no es necesario “añadir ningún dispositivo ni hardware adicional, solo se requiere software”.
Bastaría con usar los sensores de movimiento que los auriculares o gafas de realidad virtual ya integran para otras funciones, pues el peso de la innovación recae en el software. El equipo de Chen ha desarrollado un sistema de filtrado que elimina interferencias causadas por el movimiento o vibraciones ajenas a la cabeza del usuario y el cuerpo.
Con este software, los sensores del dispositivo pueden centrarse en leer el sutil patrón de vibraciones que llega desde dentro de la cabeza. El sistema se ha llamado VitalID y utiliza modelos informáticos avanzados para analizar esos patrones.
VitalID a prueba
Para demostrar la eficiencia de su programa, el equipo de investigación ha usado dos modelos de gafas disponibles en el mercado: las Meta Quest y HTC Vive Pro Eye. Las gafas de Meta integran un sensor de movimiento, mientras que las de HTC utilizan un sensor con acelerómetro y giroscopio.
En las pruebas realizadas con 52 usuarios durante un período de 10 meses utilizando ambos visores XR, el sistema autenticó correctamente a los usuarios en más del 95% de los casos y rechazó personas no autorizadas en más del 98% de los casos.
Otros detalles biológicos únicos como la voz o la huella dactilar se han puesto en duda al surgir formas de replicarla para hackear un dispositivo. Sin embargo, aunque una persona llegue a ser capaz de imitar el ritmo de respiración de una persona, no sería fácil copiar las propiedades biomecánicas del cráneo que hacen que vibre con un patrón único.
