31 Minutos conquista el Zócalo; más de 230 mil asistentes celebraron el Día del Niño
▲ Asistentes al concierto de 31 Minutos el pasado jueves en el Zócalo capitalino con motivo del Día del Niño.Foto Luis Castillo
Eder Torres
Periódico La Jornada
Sábado 2 de mayo de 2026, p. 6
Más de 230 mil personas se congregaron la noche del jueves en la plancha del Zócalo de la Ciudad de México y calles aledañas para asistir al espectáculo de la compañía chilena 31 Minutos, presentado en el contexto del Día del Niño.
Calificado por la Secretaría de Cultura capitalina como un hecho histórico, el concierto abordó temas como la libertad de las infancias y la lucha, por parte del superhéroe Calcetín con Rombos Man, para prevenir que “un par de locos” inicien la Tercera Guerra Mundial.
Desde antes del mediodía, personas de varias entidades del país llegaron a la Plaza de la Constitución para alcanzar un lugar que les permitiera, al menos, escuchar la presentación. Disfrazados y con peluches en mano, miles de pequeños esperaron bajo la sombra de un paraguas a sus personajes favoritos.
A las cuatro de la tarde, la compañía ofreció tres canciones como regalo para los niños que esperaban: Mr. Guantecillo, Nunca me he sacado un 7 y Un castillo de blanca arena con vista al mar.
Entre el público destacaron comerciantes como Ernesto López, quien ofrecía llaveros de Tulio Triviño, Juanín Juan Harry y diademas de Juan Carlos Bodoque. Al terminar su mercancía, dijo, se uniría a su familia, que lo esperaba frente al escenario. Como él, otros vendedores ofrecieron peluches, banquitos de plástico, botellas de agua y sombrillas.
“Derecho de antigüedad”
La abuelita de Samatha, una maestra jubilada de Los Reyes la Paz, explicó que sigue al programa desde hace más de dos décadas debido a su calidad. “Como docente, uno tiene que ver lo que están diciendo, lo que están proyectando y si es bueno para los alumnos o hijos”, añadió.
El deseo de grandes y pequeños por presenciar el espectáculo y la cantidad de personas que asistieron al evento, ocasionó algunas rencillas entre padres y adultos que discutían por el derecho de los menores a disfrutar el concierto; mientras otros, fanáticos desde hace años, alegaban su “derecho de antigüedad” por conocer el programa desde su infancia.
El espectáculo comenzó pasadas las siete. Apareció el logo de 31 Minutos y luego Tulio preguntó: “¿Estamos listos, Juanín?”. Tras la introducción del programa se escucharon los gritos de un Zócalo completo, pero también de quienes presenciaban el concierto desde el área reservada para personas con discapacidad y, los cientos que se apilaron en las calles 20 de Noviembre, Madero y Pino Suárez, así como los fanáticos que apartaron un lugar en las terrazas o ventanales de los edificios que rodeaban la plaza.
El noticiero abrió con el tema Desgracia ajena, interpretado por Tulio y Juanín, con el que presentaron la información más relevante del día. La llegada de una noticia de último minuto permitió que la transmisión continuara: el lanzamiento al espacio de la pizza más grande del mundo.
A partir de entonces, los personajes ofrecieron una programación especial que intercalaba la cobertura del hecho noticioso con la interpretación de sus canciones más populares.
La presentación de un conflicto vecinal dio pie a Señora, devuélvame la pelota o si no, no sé qué haré, de Pepe Lota. El Zócalo se unió entonces en una sola voz para cantar: “Por favor, por favor, devuélvame el balón, vecina”. Al terminar, gritos de emoción indicaron el comienzo de Mi mamá me lo teje todo.
Un perro pianista, tocando Para Elisa, de Ludwig van Beethoven, y otras piezas clásicas, rompió el ritmo para cantar Doggy Style. Otros canes se le sumaron en los coros: “Cuando Mario Hugo no está parrandeamos de verdad…”
Los asistentes y Mario Hugo se unieron al conteo que precedió al lanzamiento. El primer eclipse lunar de pizza, que ocasionó la risa del público, provocó también un accidente espacial.
De vuelta a los cortos, Cucky pidió las palmas del público para cantar La señora interesante y Diente blanco, no te vayas, de John Quijada, sirvió de nuevo como un homenaje a Juan Gabriel; si el tributo a Querida de hace unas semanas, en el Auditorio Nacional, emocionó al público, el de este jueves exaltó a cientos que se unieron para cantar al unísono: “Dime cuando tú, dime cuándo tú, dime cuándo tú vas a volver”.
Una breve pausa y, en seguida, las manos de los inocentes y culpables se alzaron en el aire al ritmo de Objeción denegada, del abogado Juan Pablo Sopa. Entre la audiencia, los niños se cargaban unos a otros para alcanzar a ver el escenario. Brincaban y cantaban: “Porque hablo como idiota”.
La amistad de toda una vida
Calcetín con Rombos Man, quien fue recibido entre gritos y aplausos, apareció para salvar a la Tierra del capitán Sirulio, de Silurius –quien deseaba invadir el planeta por haber dañado su mundo con el queso de la pizza arrojada–. “Porque todo niño tiene derecho a no ser esclavizado por otro planeta y ninguno otro”, apuntó. Tras ser vencido, el héroe se retiró para, en otro lugar, impedir el inicio de una Tercera Guerra Mundial.
El siguiente corto comenzó con la historia de Norberto y Raquel, relatada por la Corchetis y la voz de los fanáticos que se unieron en una sola voz: “Son pololos, son pololos, les decían los demás”.
Un solo de guitarra y fuegos artificiales precedieron a Freddy Turbina y su Equilibrio espiritual. El ritmo encendió el cuerpo de los asistentes que, además de mover los pies y gritar emocionados, brincaban y movían el cabello al ritmo del rock chileno.
Dando saltos, la gente recibió a Bailan sin César. Puños en alto, peluches y celulares se movieron al ritmo de la canción que anunció el final del programa. Entonces, una voz del tamaño del ombligo de la luna solicitó más de la compañía, que accedió a presentar Mi muñeca me habló. Continuó Arwrarwrirwrarwro, en voz del Zombie.
Enseguida, Anacleto, acompañado de cientos de mexicanos, relató la historia de su existencia, solitaria hasta esa noche. El show terminó con Yo nunca vi televisión, “para celebrar la amistad de toda una vida”, apuntó Tulio Triviño.
