Durante más de una década, se ha repetido un mantra casi de forma automática: “no hace falta gastarse mil euros para tener un buen móvil“. Y era verdad.
Hubo un tiempo, no tan lejano, en el que los 200 o 300 euros eran el gasto adecuado para la mayoría de usuarios en España, en un segmento donde marcas como Xiaomi, Realme o la antigua Motorola ofrecían terminales que, sin ser perfectos, cumplían con nota para el 90% de la población.
Sin embargo, ese escenario está cambiando de forma agresiva. Si echamos un vistazo a lo que está ocurriendo en la industria, nos damos cuenta de que el concepto de “móvil barato y decente” está en peligro de extinción. Y el culpable no es el diseño, ni las cámaras, ni siquiera la inflación generalista. El culpable tiene nombre de componente técnico: la memoria RAM.
Para entender por qué tu próximo móvil va a ser más caro, hay que mirar hacia las fábricas de semiconductores. Según los últimos datos de firmas de análisis como TrendForce, estamos ante una escalada de precios en los módulos de memoria DRAM que no tiene precedentes cercanos. Los contratos de suministro están subiendo a doble dígito trimestre tras trimestre.
¿Por qué ocurre esto? Principalmente por un cambio de estrategia de los grandes proveedores (Samsung, SK Hynix y Micron). Tras un periodo de exceso de stock donde los precios bajaron, las fábricas han recortado la producción para tensar la cuerda. A esto se le suma la fiebre por la Inteligencia Artificial generativa en servidores, que absorbe gran parte de la producción de memorias de alto rendimiento, dejando las migajas para el mercado de consumo a precios de oro.

Memoria RAM
El Androide Libre
En un smartphone de gama alta, que ya puede costar más de 1.500 euros, que el coste de la RAM suba 20 o 30 dólares es un problema marginal que el fabricante puede absorber o diluir. Pero en un móvil de 200 euros, donde los márgenes de beneficio se miden en céntimos, un aumento de este calibre es una sentencia de muerte para el segmento.
La paradoja de la Inteligencia Artificial
Lo más irónico de esta situación es que la tecnología que prometía hacernos la vida más fácil, la IA, es la que está empujando los precios al alza. No solo porque los servidores de Google o Microsoft necesiten toda la RAM del mundo, sino porque los fabricantes de móviles quieren que esa IA corra dentro del dispositivo.
Para que un teléfono ejecute modelos de lenguaje (LLM) de forma local, necesita músculo. Ya no bastan los 4 GB o 6 GB de RAM que eran el estándar en la gama de entrada. Ahora, para que el sistema no se ahogue, empezamos a ver cómo los 8 GB o 12 GB se convierten en el requisito mínimo. Si la memoria es más cara y encima necesitamos ponerle más cantidad a cada teléfono, la ecuación es clara: el precio final se dispara.
Hay empresas, como Qualcomm, que están creando procesadores para la gama media que intentan paliar estos problemas. Hace unos días anunciaron los Snapdragon 6 Gen 5 y Snapdragon 4 Gen 5.

Ilustración de móvil con Snapdragon 6 Gen 5
El Androide Libre
Pagar 300 euros por un Android que no se arrastre dentro de dos años va a empezar a ser un auténtico milagro. Estamos viendo cómo terminales que antes habrían salido al mercado por 249 euros, ahora se asoman peligrosamente a la barrera de los 400.
Lo que antes llamábamos gama media-alta, los teléfonos de 500-600 euros, está ocupando el espacio de la gama media tradicional, mientras que la gama de entrada está quedando relegada a dispositivos con compromisos técnicos tan grandes que a veces es difícil recomendarlos.
¿Qué opciones nos quedan?
Ante este panorama, el consejo que suelo dar está cambiando. Si el presupuesto es ajustado, la estrategia ya no es mirar lo último que ha salido al mercado, sino buscar los flagships del año pasado.
Dispositivos que en su día fueron punteros y que, ante la presión de los nuevos modelos, bajan de precio manteniendo unas especificaciones de memoria y procesador que los hacen mucho más capaces que un gama media actual de precio similar.
También estamos viendo un resurgir del mercado de reacondicionados. Comprar un gama alta de hace dos años por el precio de un gama media nuevo empieza a tener más sentido que nunca, especialmente cuando la durabilidad del hardware nuevo se ve comprometida por el ahorro de costes en componentes críticos.
