▲ El profesor Francisco Nicolás Bravo Herrera ve su labor docente como un compromiso: primero, con las niñas y niños en el aula; con las madres y padres de familia; con sus compañeros, pero también con la sociedad.Foto Jorge Ángel Pablo García
Laura Poy Solano
Periódico La Jornada
Lunes 18 de mayo de 2026, p. 12
Figura central de los principales movimientos sociales y magisteriales que han transformado a México desde los años 80 del siglo pasado, el profesor Francisco Nicolás Bravo Herrera (Huajuapan de León, Oaxaca, 1964) ha visto su labor docente como un compromiso: primero, con las niñas y niños en el aula; con las madres y padres de familia; con sus compañeros, pero también con la sociedad.
“Siempre he creído que el maestro tiene que tener, además de vocación pedagógica, una posición política y social muy clara, a favor del pueblo”, afirma contundente en entrevista con La Jornada.
Seguir por ese sendero durante 40 años de servicio docente no ha sido fácil. Desde las aulas de la primaria Profesor Simitrio Ramírez Hernández, en San Bernabé Ocotepec, en la alcaldía Magdalena Contreras, donde inició su tarea educativa en 1985, hasta concretar una intensa labor pedagógica y sindical, Bravo Herrera se ha convertido en una de las voces más lúcidas e influyentes en la defensa de la educación pública y la democracia en México.
Aunque advierte: “ninguna lucha, y más si busca una transformación de fondo, se hace solo”.
El suyo ha sido un camino compartido con cientos de compañeros y compañeras, algunos ya fallecidos, con quienes “enfrentamos la represión de un gobierno antidemocrático y del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), un ente vertical, autoritario y déspota, incluso capaz de recurrir a la represión y la violencia física”.
Fundador, junto con maestros como Alberto Sánchez, Marco Antonio Mendoza, Rogelio Estrada, Juan Manuel Espinosa, Miguel Ángel Cruz y Cenobio Popoca, del Movimiento Mexicano para la Escuela Moderna –que ha recogido durante 35 años las enseñanzas del pedagogo francés Célestin Freinet–, Bravo Herrera asegura que la experiencia docente “me cambió la forma de mirar la vida”.
Su existencia no ha estado ajena a las dificultades. Originario de la Mixteca oaxaqueña, migró junto con sus padres y hermanos a la Ciudad de México a la edad de tres años.
Su familia se asentó en el municipio de Nezahualcóyotl, que durante décadas ha recibido a miles de migrantes. A los siete años padeció la pérdida prematura de su padre y, cuando apenas alcanzaba la mayoría de edad, falleció su madre. “Nunca pudo verme como maestro”, lamenta.
En una larga charla con La Jornada, en un salón de la primaria Leonardo Bravo, ubicada en la colonia Peralvillo, un barrio obrero y de comerciantes ambulantes donde labora como director, evoca su vida en el magisterio y en la lucha sindical.
Recuerda que desde hace una década impulsa el trabajo por proyectos pedagógicos y actividades didácticas exitosas, como las asambleas mensuales de alumnos que se realizan en el patio escolar, donde ellos analizan y definen actividades para el funcionamiento del plantel. “Así la democracia se enseña en los hechos”, afirma.
Bravo Herrera rememora con emoción sus años en la Benemérita Escuela Normal de Maestros, donde tuvo como mentores a integrantes del Movimiento Revolucionario del Magisterio (MRM), encabezado por Othón Salazar Ramírez. Entre ellos, al maestro Ramiro Reyes Esparza y al pedagogo español José de Tapia.
“Tenían ideas marxistas, comunistas. Influyeron en mi formación. Pero, sobre todo, a mí me educó la realidad. Cuando ves tanta pobreza, tantas necesidades de la gente, te das cuenta de que ser profesor no es sólo pararse frente a un grupo de niños e impartir clases y ya: es estar al lado del pueblo y entender sus carencias”.
Pero ahora, más de cuatro décadas después de iniciar su labor magisterial, anuncia que su etapa como docente y director de educación primaria en activo terminará pronto debido a problemas de salud.
Sin embargo, enfatiza: “siempre seré un maestro que contribuirá desde donde esté, en la trinchera donde me sea posible, para que la educación y la democracia sigan mejorando”.
Líder sindical
Reconocido por su integridad y congruencia en la lucha gremial y en su labor educativa por educadores como Enrique Enríquez Ibarra y Gonzalo Martínez Villagrán, quienes integraron, a mediados de la década de los 80 del siglo pasado y junto con otros docentes, una nueva generación de dirigentes magisteriales, Bravo se dice satisfecho de su tarea como maestro y de su esfuerzo por construir una sociedad más justa e igualitaria.
Fue en la llamada Primavera magisterial de 1989 cuando sobresalió como líder sindical. Aquel fue un movimiento emblemático en el que miles de profesores lucharon en las calles por alcanzar un incremento salarial de cien por ciento y por la democratización del SNTE.
Desde el inicio, muchos jóvenes dirigentes coincidieron en reuniones de trabajo y organización magisterial, para luego cohesionarse bajo las siglas de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), fundada una década antes.
Sus contemporáneos lo reconocen por su capacidad de “diálogo, entendimiento y construcción de puentes entre distintas visiones. Es un líder que sabe escuchar todas las voces”, aseguran Enríquez Ibarra y Martínez Villagrán.
En su balance sobre la trayectoria de Bravo Herrera, Enrique Enríquez destaca: “fuimos una generación de maestros que egresamos de las normales públicas con una sólida formación pedagógica y política, heredera de profesores como Esparza, del MRM, pero también del acompañamiento al movimiento obrero, a las huelgas y de constatar las necesidades del pueblo”.
Con la conquista, en 1989, del primer comité democrático del magisterio (sección 9) en la Ciudad de México, encabezado por el profesor Daniel Sandoval, Bravo Herrera mostró una capacidad organizativa que sería clave años más tarde.
Durante la década de los 90 consolidó su liderazgo en la lucha contra el charrismo sindical, encabezado por la entonces líder vitalicia del SNTE, Elba Esther Gordillo Morales. En 2008 vivió un punto de inflexión en su carrera sindical al encabezar la lucha por recuperar la democracia sindical de la sección 9, que agrupa a más de 70 mil docentes.
Pese a enfrentar un charrazo encabezado por dirigentes del SNTE, Bravo Herrera logró mantener la cohesión del magisterio disidente y emprender una larga batalla jurídica por el reconocimiento de su comité seccional.
Afirma que, con el apoyo de la base, persistió en el trabajo sindical en las escuelas, incluso por las noches y sin acceso a las cuotas gremiales.
“Les ganamos en todos los tribunales laborales. Obtuvimos un laudo favorable que el charrismo sindical y la autoridad laboral nunca quisieron respetar”.
Pese a ello, continuó con su labor sindical para convertirse, durante el sexenio del ex presidente Enrique Peña Nieto (2012-2018), en una de las voces centrales de la lucha magisterial contra la impuesta reforma educativa de esos años, donde fue vocero de la CNTE y miembro de su dirigencia nacional.
Las consecuencias de su participación fueron cruentas, como ocurrió con el desalojo, por la fuerza pública, del plantón magisterial instalado en el Zócalo capitalino el 13 de septiembre de 2013, que dejó un saldo de cientos de maestros lesionados y donde Bravo Herrera sufrió la fractura de un brazo.
A ello se sumó, recuerda, que “fuimos la escuela con el mayor número de maestros cesados en el país, 11 en total, menos yo, porque querían que me vieran como un traidor”. Pero gracias al apoyo de los padres de familia, “logramos resistir y reinstalar en otros planteles a todos los compañeros”.
Fueron épocas muy duras, agrega, porque “nos acusaron de todo. Hasta de ganar 450 mil pesos mensuales, lo que era una total mentira. Siempre he vivido de mi salario de maestro y nunca, pese a las muchas propuestas que se me presentaron, sucumbí a las tentaciones ni a la cooptación”.
En 2023, Bravo Herrera volvió a ser candidato a la secretaría general de la sección 9 por la planilla Roja Democrática, la cual, señala, fue “excluida del proceso por el charrismo, con el aval del gobierno federal”.
En el epílogo de una larga trayectoria, sostiene que lo más importante “es la honestidad: es lo único que te permite sobrevivir a los peores momentos de represión y de injusticia. Y eso es lo que aprendí de mis maestros: enseñar con el ejemplo”.
