▲ A sus 91 años, el músico sudafricano se presentó en el Festival Internacional de Jazz de Ciudad del Cabo, el 27 de marzo pasado.Foto Afp
Reuters
Periódico La Jornada
Martes 16 de junio de 2026, p. 5
El pianista Abdullah Ibrahim, cuya música capturó el bullicio de los suburbios sudafricanos, resonó con la inmensidad de sus sabanas y se convirtió en un himno de resistencia para el movimiento contra el apartheid, falleció a los 91 años, según informó ayer la oficina del presidente Cyril Ramaphosa. No se ha revelado la causa del fallecimiento.
Ibrahim fusionó el jazz estadunidense y los espirituales con los ritmos y melodías del sur de África para crear una voz musical que desafió la brutalidad del gobierno supremacista blanco de su país.
Nacido como Adolph Johannes Brand en 1934, creció en Kensington, un barrio marginal de Ciudad del Cabo. Su padre fue asesinado en una pelea de bar cuando él tenía 4 años. Se crió creyendo que su madre –que tocaba el piano en salas de cine mudo y en la iglesia– era su hermana.
Su abuela, también pianista de iglesia y quien advirtió el interés de Brand por su viejo piano vertical, lo envió a una escuela donde comenzó a componer canciones influidas por el crisol de culturas africanas, europeas, árabes y asiáticas de la localidad portuaria de Ciudad del Cabo.
Estaba tan fascinado con los discos importados de Estados Unidos que sus amigos lo apodaron Dollar, según la revista Songlines. Al adoptar ese nombre durante su adolescencia, Adolph Brand pasó a ser Dollar Brand.
Realizó giras con orquestas de baile y sufrió las restricciones impuestas por el recién instaurado sistema del apartheid, especialmente severas para los músicos de jazz.
“Tenías que actuar para tu propio grupo étnico y sólo se permitía subir al escenario a músicos de tu misma etnia”, explicó a The New York Times en 2019. “La gente empezó a romper esas normas. Fue parte de una reafirmación mayor de nuestras almas”.
En 1958 fundó el Dollar Brand Trio. Al año siguiente, la formación se amplió para convertirse en los Jazz Epistles, que contaba con el gran trompetista Hugh Masekela. Su disco homónimo de 1960 es ampliamente reconocido como el primer álbum de jazz grabado por un conjunto de sudafricanos negros.
Himno contra el apartheid
Ante el cierre de los clubes de jazz y el acoso de las autoridades a los músicos, varios miembros de la banda abandonaron Sudáfrica. En su ausencia, Brand se dedicó a perfeccionar su propio sonido.
En 1960, la policía disparó contra manifestantes negros en lo que se conoció como la masacre de Sharpeville. Brand estaba llegando al límite. Un altercado con la policía por un incidente de tráfico fue la gota que colmó el vaso. Junto a la vocalista Sathima Bea Benjamin, se instaló en Zúrich, Suiza.
Su gran oportunidad llegó allí, cuando Benjamin convenció a Duke Ellington para que asistiera a una actuación del reconstituido Dollar Brand Trio. El legendario director de orquesta estadunidense quedó tan impresionado que los invitó a grabar un disco. Duke Ellington Presents the Dollar Brand Trio se publicó en 1964.
Un año después, Brand y Benjamin se casaron y se trasladaron a Nueva York. Allí actuó con la Duke Ellington Orchestra y tocó con gigantes del jazz de los años 60, entre ellos los saxofonistas Ornette Coleman, John Coltrane, Archie Shepp y Pharaoh Sanders, el pianista Cecil Taylor y el baterísta Elvin Jones.
En 1968, Brand –que por entonces ya tocaba la flauta además del piano– regresó a Ciudad del Cabo. Allí dejó de fumar y de beber alcohol, y encontró las respuestas espirituales que anhelaba en el islam, la religión de la mayoría de sus amigos de la infancia. “El aspecto más hermoso y potente del islam es la unidad de las cosas”, declaró a The Guardian en 2001. “Esta convicción ha sido mi motor”.
Tras cambiar su nombre por el de Abdullah Ibrahim, se sucedieron numerosos álbumes, incluido Mannenberg – Is Where It’s Happening en 1974. Titulado como un suburbio de Ciudad del Cabo al que la población fue trasladada a la fuerza, su tema principal se convirtió en un himno contra el apartheid de vigencia duradera. La pieza sonó incluso en la toma de posesión de Zohran Mamdani como alcalde de Nueva York en 2026.
“Lo que nos salvó fue la música… Ni siquiera la llamábamos música de liberación”, afirmó Ibrahim en Amandla! A Revolution in Four-Part Harmony, un documental de 2002. “Era parte de nuestra propia liberación”.
“Nunca necesitó deslumbrarnos”
En 1976, poco después del levantamiento estudiantil de Soweto, que volvió a ser reprimido con violencia policial, Ibrahim organizó un concierto benéfico ilegal para el Congreso Nacional Africano, el partido político de Nelson Mandela, por entonces prohibido.
En los años siguientes, de vuelta en Nueva York, grabó discos con otras estrellas del jazz como el bajista Cecil McBee, Buddy Tate y Don Cherry. También compuso música para ballet, ópera y cine.
En 1990, con el sistema del apartheid al borde del colapso, Mandela fue liberado de prisión e invitó a Ibrahim a regresar a Sudáfrica. El pianista actuó en la ceremonia de investidura de Mandela como presidente en 1994.
Al ser preguntado sobre si Mandela había comentado alguna vez su música, Ibrahim relató a la National Public Radio de Estados Unidos en 2013: “vino al camerino y dijo: ‘Bach y Beethoven, nosotros tenemos algo mejor, nuestro Mozart’”.
Publicó más discos y realizó giras tanto en solitario como con su banda, Ekaya. Tras mudarse a un pueblo cerca de Múnich, Alemania, continuó actuando en Europa y Estados Unidos. Su último álbum, 3, se lanzó en 2024, poco antes de que cumpliera 90 años.
No obstante que pasó gran parte de su vida en el extranjero, las vastas extensiones rurales de su tierra natal siguieron inspirando su música y protagonizando las portadas de sus discos. Un estudio de 2023 en la revista sudafricana Kronos calificó a Ibrahim como “un teórico de la geografía negra comprometido con los sonidos cotidianos que resuenan en los guetos, suburbios y reservas”.
Ibrahim tuvo un hijo, Tsakwe, pianista en Ciudad del Cabo, y una hija, Tsidi, rapera afincada en Nueva York conocida como Jean Grae. Su esposa falleció en 2013.
Pete Letanka, pianista de jazz residente en el Reino Unido que trabajó con Ibrahim, señaló que su música, aunque de sonoridad tradicional, mantenía una profunda relevancia para los oyentes contemporáneos.
“Lo que la hace tan bella es que te enfrentas a la realidad de todas las obscenidades del régimen del apartheid, pero él sigue siendo capaz de escribir música que conmueve hasta las lágrimas, ya sea Maraba Blues, Water From an Ancient Well o un llamamiento a las armas como Mannenberg”, explicó Letanka a Reuters en enero de este año.
“Nunca necesitó deslumbrarnos con una técnica increíble. Había algo tan espiritual, tan despierto en su interior.”
