▲ Fotograma de Moscas, del cineasta mexicano Fernando Eimbcke.Foto
C
on sólo cinco largometrajes en su haber, el cineasta mexicano Fernando Eimbcke ha demostrado ser muy coherente con sus intereses y obsesiones. Su enfoque es minimalista, sus protagonistas suelen ser niños o adolescentes, las figuras de autoridad pueden estar ausentes y hay un apreciable humanismo en la forma como se desarrollan las historias.
En 2004, su ópera prima Temporada de patos supuso una dosis de frescura para el cine mexicano de entonces y ahora, en Moscas, su quinto esfuerzo, refrenda las cualidades de aquella recuperando dicha frescura con algunas similitudes.
Las dos se ubican en edificios reconocibles para el espectador chilango –en este caso, el multifamiliar Alemán y el aledaño hospital 20 de Noviembre–, la fotografía es en blanco y negro, el protagonista Cristian (Bastián Escobar) en un momento se queda sin padres, los videojuegos son una actividad fundamental e incluso aparece el actor Enrique Arreola en un papel secundario. Sin embargo, Moscas supera a su predecesora con buenos sentimientos que nunca caen en la sensiblería.
Los insectos del título se refieren a las moscas cuyo zumbido molesta a Olga (Teresita Sánchez), la señora cincuentona que vive sola en uno de los departamentos del citado multifamiliar. Ella decide rentar una de sus habitaciones para alguien que tenga familiares internados en el vecino hospital. Quien acude es el humilde Tulio (Hugo Ramírez), cuya esposa está internada de una enfermedad grave. El hombre omite decir que estará acompañado por Cristian, de 8 años, y eso no cae bien a Olga, cuyo mal carácter impone reglas severas a sus inquilinos. De hecho, el niño debe orinar en una botella de plástico, pues el baño no está incluido en la renta.
Como Cristian no puede entrar al hospital, se las arregla para entretenerse en la calle y eso se reduce a jugar a las maquinitas de un negocio. Su obsesión es el juego Space Invaders (en la película lleva otro nombre, quizá por cuestión de derechos), con el cual él desea imponer un récord. Por cuestiones económicas, Tulio debe marcharse de la ciudad a buscar trabajo. El niño se queda absolutamente solo.
Con buen sentido del humor, Eimbcke describe el dilema de su protagonista y la forma como en su tensa interacción con Olga, va a conseguir ablandarla en su trato. Aquí el desempeño de los actores es básico. Sánchez se ha vuelto una especie de tesoro nacional, pues es una actriz todoterreno, susceptible de expresar diversas emociones con gestos mínimos. Su cálida sonrisa implica un cambio total en la personalidad de Olga. Mientras que el debutante Escobar se aleja de los mohines típicos del niño actor mexicano. La escena en que ambos bailan chachachá es una sucinta demostración de un acercamiento emocional.
El director –quien uno supone es adicto a los videojuegos– juega con las gráficas de Space Invaders de manera ingeniosa, integrándolas al tejido visual de su película. Lo meritorio es cómo sostiene el interés de su relato, apoyándose en el humor que no excluye instancias dramáticas.
Para no variar, Moscas se acaba de estrenar en condiciones desfavorables, cuando el público está distraído con espejismos de campeonato. Esperemos se sostenga en cartelera, a fin de que sea apreciada justamente.
Moscas / Director: Fernando Eimbcke/ Guión: Fernando Eimbcke, Vanesa Garnica / Filme en ByN: María Secco / Sonido: Javier Umpierrez / Edición: Salvador Reyes Zúñiga, Fernando Eimbcke / Con : Teresita Sánchez, Bastián Escobar, Hugo Ramírez, Enrique Arreola/ Productoras: Kinotitlan, Teorema. México-España, 2026.
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