Un 17 de julio, pero de 1976, comenzaban los Juegos Olímpicos de Montreal, que llegan al medio siglo de efeméride, y que supusieron los primeros en los que se realizó un boicot masivo, pues algunas delegaciones africanas solicitaron la exclusión de Nueva Zelanda porque en rugby había jugado la selección contra la de Sudáfrica, que entonces estaba expulsada del Comité Olímpico Internacional por su política del ‘apartheid’, y al no aceptar esta propuesta 32 estados no participaron, además de China y Taiwán por problemas de reconocimiento mutuo.
Pero en los Juegos Olímpicos de Montreal 1976 también sucedió uno de los momentos más icónicos de la historia del olimpismo moderno: el primer diez en gimnasia artística, el de la rumana Nadia Comaneci. Una hazaña que cumple medio siglo.
El marcador no estaba preparado para el diez de Nadia Comaneci
El 18 de julio de 1976, tan solo un día después de la inauguración de los Juegos Olímpicos, se hizo historia cuando una joven de catorce años había finalizado su ejercicio obligatorio de barras asimétricas con una salida perfecta. Nadia Comaneci había conseguido así su perfecta ejecución, pero no vio un 10, sino un 1,00.
Ella no se había fijado en el marcador, pensaba que había hecho un ejercicio bueno, pero no perfecto. Se dio cuenta de que algo grande había pasado cuando escuchó el fuerte estruendo del estadio, y fue cuando vio en el marcador su dorsal 73 junto a un 1,00. Seguía sin entender nada, y le hizo un gesto con los hombros a sus compañeras, según su propio relato en el documental Legends Live On del canal olímpico: “Fue todo muy rápido. El hecho de que el marcador no pudiera mostrar el 10 hizo que la situación fuera más dramática”.
El problema estaba en el que el marcador solo tenía tres huecos y no había lugar para un 10,00 y todo ello a pesar de que el fabricador, Omega, había advertido esta situación al COI, teniendo en cuenta que no era el primer 10 de Nadia Comaneci, que ya lo había logrado en la Copa América en marzo de ese mismo año. Los miembros del Comité dijeron entonces que era “prácticamente imposible” lograr esa puntuación, que no había de que preocuparse. Y pasó. Fueron hasta seis dieces los que logró Nadia Comaneci en esos JJ.OO de Montreal 1976.
Volvió al 10 en los Juegos Olímpicos de 1980
La locura llegó al aterrizar en Rumanía. Comaneci no esperaba la multitud que se encontró en el aeropuerto para recibirla, porque ni siquiera era consciente de que era la primera persona en lograr un 10 en gimnasia en unos Juegos Olímpicos. La magnitud de todo aquello la sorprendió, y su país, entonces en la dictadura de Nicolau Ceaucescu, la usó con fines propagandísticos con el papel de heroína.
Así llegó al siguiente ciclo olímpico, el de Moscú 1980, con 18 años, más alta y adulta. El hecho de que en el ejercicio preliminar hiciera un error en las barras asimétricas hizo para muchos pensar que la estrella se había apagado, pero lejos de ello, volvería a conseguir un 10 en ese mismo aparato y otro en barra de equilibrio, con un palmarés que completó con dos medallas de oro y dos de plata.
El ‘infierno’ de Nadia Comaneci
Después de esos Juegos Olímpicos de 1980, la carrera de Nadia Comaneci fue una pesadilla. En 1981 y en plena gira de Estados Unidos, sus entonces entrenadores Béla y Marta Károlyi pidieron asilo político y se quedaron allí. La gimnasta regresó a Rumanía y de aquí no pudo salir para competir, además de que se sentía vigilada, y que uno de los hijos del dictador se había encaprichado de ella.
Así fue como se dieron los últimos años de su carrera y se retiró en 1984 para comenzar a trabajar en la Federación Nacional de Gimnasia. Todavía sintiéndose vigilada, logró escapar de Rumanía por la frontera húngara y de aquí logró viajar a Viena y finalmente a Estados Unidos, que le había concedido asilo político. Aquí construyó su vida. Al poco de llegar, el gimnasta Bart Conner, con quien había coincidido en el podio de Montreal 1976 la contactó y comenzaron a hacer exhibiciones gimnásticas juntos, además de que más tarde acabarían en una relación romántica que derivó en matrimonio y en un hijo en común que nació en 2006.
Actualmente es una referencia para muchos deportistas, como una figura histórica de los Juegos Olímpicos, y es embajadora de varias fundaciones olímpicas y del deporte, además de que es dueña de una escuela de gimnasia, de una revista especializada, de una productora de televisión y una empresa de material deportivo, además de que tiene proyectos en su país como la Fundación Nadia Comaneci y la Clínica Infantil Nadia Comaneci en Bucarest.
