▲ A la medianoche del sábado en el Salón Los Ángeles, las Musas Sonideras se subieron a la tarima para soltar la Cumbia de los Cazafantasmas.Foto Rumania Olivares
Juan José Olivares
Periódico La Jornada
Lunes 20 de julio de 2026, p. a12
Las Musas Sonideras se rifaron con su fiesta. Así calificaron muchas de las cumbiamberas que asistieron al noveno aniversario de esta agrupación la noche del sábado en el Salón Los Ángeles.
Asistir a este guateque fue como ir a una fiesta ideal: música chida, tragos, desmadre y buena lid, además de 50 diyéis que, con sus rolas, hicieron que todo lo que llamamos materia y energía no es más que modos de movimiento vibratorio de gente con un objetivo común: pasarla chévere.
“Gracias por venir con su espíritu, con su cuerpa y, sobre todo, con su presencia”, gritó en el micrófono Bruja Prieta, sonidera que soltó unas guarachas de alto impacto, además de su “cumbia transexual”. Mandó sus tradicionales saludos a la gente de Izcalli, Ixtapaluca o Tlalnepantla… “Pásenla rico y saludos a todas las lesbianas…”
“¿Están listas para bailar con La Ley del ritmo?”, alentó durante su participación Alejandra Ley, que ofreció su cumbia feminista. Ella es parte de esa Nueva Ola Sonidera que empapó el sitio de la colonia Guerrero, donde se creó un ecosistema soroacústico casi metafísico en el que la ley universal del ritmo vibró candente en la Laticce, esta celosía universal que, desde el punto de vista cuántico del teórico Jacobo Grinberg, se describe como un red compleja resultado de la percepción y la actividad neuronal de cada individuo con la de una totalidad.
Parece que en el plano físico quedó demostrado ese pensamiento del científico mexicano de la conexión que tenemos y de que el universo está unido por ese enrejado, en el que todos estamos unidos con la mente. El MusaFest demostró su teoría sintérgica, neologismo derivado de las palabras síntesis y energía que intenta explicar la unidad planetaria.
En el Salón Los Ángeles se percibió ese pensar con este acto que organizó la colectiva Musas Sonideras para celebrar su existencia y de que ese espacio, es decir, el movimiento sonidero, desde hace unos años, es también de las mujeres.
En el llamado templo del baile, la unión del colectivo se hizo presente para crear una entidad sorora dirigida por la actuación de 50 tornamesistas que hicieron tallar la duela al respetable con cumbia y guaracha, salsa y otros géneros que ofrecieron dosis para equilibrar las leyes universales del ritmo y la vibración.
Ágape sabrosón
La sala de la colonia Guererro en la CDMX se volvió a vestir de ágape sabrosón con esencia de mujer, con la de las numen selectoras que hicieron bailar hasta a las botargas que se aparecieron por ahí. Las cabineras del sound system lograron con su música que todas, todos y todes se hicieran un alma humana que se movió, gritó y disfrutó en medio de la plasticidad sonora.
En la pista sonaron temas puestos por la llamada Nueva Ola: Diosa Cyborg, Sacerdotisa del Gozo, Coraflow Zea, Cumbia sin acoso, Sonido La Revoltosa, Agitación, Bruja Ramona, Cósmica, Eli Sound, Fiera Sonidera, Kanabika sonidera… También cogieron los controles, es decir, sus laptop, expertas como Lety Ramos, la rumberita de Popotla, quien prefirió las cumbias sabaneras y mandar sus tradicionales saludos. Mientras, la Princesa Duende, La Patrona, y la ingeniera de sonido del festival, coordinaban a las selectoras para no perder el ritmo y dejar paso a consagradas como Sonido La Dama, con 30 años de trayectoria. “Sin antecesoras no hay sucesoras”, expresó por su lado la Musa Mayor, Marisol Mendoza, organizadora de este gremio de unas 95 sonideras. La Dama es ya institucional en este ámbito y con su experiencia hizo mover las caderas a todos con “la punta de pie… Para toda la gente bonita y para la Marea Roja”, grupo de baile que arrastraba mar adentro a los que no se querían parar a bailar.
Vino la cantante Dulce Gabriel, quien se discutió con un tema de salsa que dio vida a los pachucos parroquianos del lugar. También subieron a la tarima Sonido La Tank y Alis Pedraza Islas, La Sabanera, sonidera de San Juan de Aragón hija de Aurelio Pedraza, de la Dinastía de los Pedraza, creadores del Súper Grupo Colombia. Ella hizo un homenaje a su estirpe guapachosa.
Llegó también desde Iztacalco Layla Sánchez Kuri, La Voz Violeta. En los controladores, elegancia la de Francia la de Layla. Le siguió Tamara, de San Luis Potosí, “cuna del nopal y del peyote…”, dijo la selectora potosina. Y la fiesta seguía y seguía hasta que llegó Butterfly o Mama Duende, toda vestida como dark, para diseminar su sonido retro. Era la medianoche, momento en que todas subieron al entarimado para soltar la Cumbia de los Cazafantasmas, que no espantó a nadie puesto que el respetable, a esa hora, estaba tan fresco como si fueran las tres de la tarde. Se cumplió otro MusaFest bajo el grito de pedir que el décimo sea en el “Zócalo, Zócalo, Zócalo…”, como exclamaron las creadoras.
