▲ El movimiento jaranero cuenta con presencia en Nueva York, París y Tokio, de acuerdo con el investigador Rafael Figueroa.Foto La Jornada
Eirinet Gómez
Periódico La Jornada
Martes 21 de julio de 2026, p. 8
“La décima jarocha es uno de los movimientos literarios más nutridos, ricos y llenos de vida de este siglo”, señaló Rafael Figueroa Hernández, doctor en Historia y Estudios Regionales por la Universidad Veracruzana. Esta afirmación atraviesa La Décima Jarocha, Antología general, un volumen que reúne más de mil 200 composiciones escritas desde el siglo XIX hasta la actualidad.
Para Figueroa, una de las mejores pruebas de esa vitalidad se observa en el Teatro Nezahualcóyotl, en Tlacotalpan, Veracruz, donde cada fin de semana cientos de personas pagan un boleto para asistir a encuentros decimeros.
“Sé que podríamos tener discusiones con respecto a que no es lo mismo la poesía popular que la poesía culta”, planteó. “Lo entiendo, pero hay un movimiento de creadores y de consumidores de décima popular que es innegable y que nadie lo puede tratar de minimizar”, subrayó.
Para el investigador, la condición literaria de la décima radica en el uso de recursos poéticos y de su capacidad para establecer un diálogo con el público y evocar emociones. “En la décima jarocha, la metáfora, las figuras y el juego del lenguaje tienen que entenderse en el momento por el público que está frente al decimero. Ahí está su valía, en la conexión con el que está oyendo”.
La décima, originaria de la tradición poética española, encontró en Veracruz una de sus expresiones más fértiles, vinculada con el son jarocho y a la tradición oral.
Aunque el movimiento todavía está muy ligado con la región que va del sur del puerto de Veracruz hasta Loma Bonita, Oaxaca, y Huimanguillo, en Tabasco, ya no se circunscribe a esta zona. “Lo jarocho desbordó esa zona natural y empezó a permear otros lugares de México. Hay personas de la Ciudad de México que llegaron a aprender y han hecho contribuciones importantes a la décima”.
Esa expansión no sólo ocurrió en el país, por medio del movimiento jaranero, con presencia en Nueva York, París y Tokio, “la décima jarocha ha entrado en un proceso de globalización subalterna, ha conquistado por abajito, por las grietas que deja el sistema globalizante. A eso le llamo imperialismo jarocho, un poco de broma, un poco en serio”.
Para el investigador, el carácter “jarocho” de estas composiciones se mantiene por su irreverencia, picardía, crítica social y ciertas expresiones del habla regional veracruzana. “El movimiento jaranero es de resistencia hacia la hegemonía”.
Nuevas maneras de abordar los temas
La décima ha abordado desde hechos históricos y amorosos hasta recetas de cocina y reflexiones sobre la naturaleza. “Tiene una gran amplitud: hay versos que hablan sobre la propia décima, el terruño, los ríos, las casas, las plantas, los animales o los pájaros”.
A lo largo del tiempo se han introducido variantes, no tanto en los temas como en la manera de abordarlos. Destacó que en la década de los años 50 se hablaba de la naturaleza de una manera ingenua, sobre su belleza, pero a partir de los 60 se refirió a la necesidad de cuidar el entorno ambiental.
Lo mismo ocurrió con las décimas dedicadas a la mujer, ya que si bien los versos tradicionales están dedicados a la belleza, al porte, al vestido, después se reivindicaron sus derechos y se mencionó la diversidad sexual. “A partir de los años 60 y 70 ya no se aborda su belleza como antes, sino que se trata con más conciencia”.
Toda esa transformación quedó documentada en La Décima Jarocha, que reúne décimas de autores como el poeta Salvador Díaz Miró, Gabriela Silva, Guillermo Chávez, Aurelio Morales y Constantino Blanco.
Figueroa Hernández mencionó que la antología, de más de 300 páginas, tiene el objetivo de ser un detonador para que cualquiera que lo consulte busque leerlo en voz alta a alguien más.
