▲ Un carrito de comida en Nueva York entra a la ola de generar su electricidad con baterías, en vez de gasolina.Foto Ap
Alejandro Alegría
Periódico La Jornada
Domingo 2 de agosto de 2026, p. 13
Aunque las disposiciones del T-MEC pueden limitar elementos del modelo energético tras las reformas constitucionales de 2024, la puesta en práctica de los contratos mixtos ha generado certidumbre a la inversión privada, señaló José María Valenzuela, catedrático en El Colegio de México.
En entrevista con La Jornada, Valenzuela, coautor del artículo “Los obstáculos del T-MEC a la política industrial de México”, indicó que el sector energético nacional vive un punto de equilibrio. “Hay muchos actores en el sector privado a los que les parece muy bien”, señaló.
“Frente a la idea de que el modelo de México va en contra de la libre competencia o de los principios de no discriminación de la inversión extranjera, en la práctica lo que vemos es diferente.”
El especialista precisó que el modelo de inversiones mixtas forma parte de la tendencia global de innovaciones contractuales en el sector energético. “Estamos viendo muchos tipos de innovaciones a nivel internacional sobre cómo se hacen contratos y asociaciones público-privadas para reducir los riesgos de inversión y favorecer la expansión de energías renovables”, comentó.
En el caso mexicano, la Secretaría de Energía (Sener) impulsó un proceso competitivo en el que casi todas las empresas participantes fueron extranjeras, llevándose la mayoría de las asignaciones. “A un conjunto importante de inversionistas privados les gustó y podemos decir con mucha más certeza que no hay discriminación a la inversión privada en este tipo de modelos, que es realmente lo que está prohibido por principio en estos tratados”, destacó.
Valenzuela recordó que las reformas energéticas de 2024 generaron incertidumbre inicial sobre la interpretación de la “prevalencia” del Estado y la meta de 54 por ciento de participación pública en generación. No obstante, la implementación final dio un giro creativo.
“El concepto de prevalencia y de 54 por ciento se interpretó de manera que permite la inversión privada y la competencia entre privados, y ese fue el mecanismo de las inversiones mixtas”, explicó. Apuntó que bajo este esquema, la Comisión Federal de Electricidad (CFE) conserva la propiedad final de los activos, pero permite que los privados operen durante algunos años, reduciendo riesgos y facilitando el financiamiento.
Como lo menciona en el artículo que coescribió con Nicolás Grimblatt, el académico advirtió que persisten dos desafíos para la política energética nacional: las limitaciones en compras de gobierno con contenido nacional y la imposibilidad de imponer obligaciones directas de transferencia tecnológica a empresas extranjeras. “México va a tener dificultades para tener una política de contenido nacional, porque hay muchas limitantes objetivas en los tratados, aunque hay oportunidades, como financiar innovación y desarrollo tecnológico para empujar ciertos mercados desde esa perspectiva”, agregó.
Las restricciones en compras públicas, explicó, dificultan que el gobierno federal promueva directamente el desarrollo de industrias específicas, como la fabricación de paneles solares. En cuanto a la transferencia tecnológica, Valenzuela señaló que, aunque los tratados prohíben imponerla como obligación, es posible establecer ciertos requisitos cuando se otorgan beneficios fiscales. “Las empresas globales están mucho más acostumbradas de lo que imaginamos en México a este tipo de transferencias”, subrayó.
El modelo mexicano, resaltó, se encuentra en una fase de estabilidad frente a posibles controversias bajo el T-MEC. “Podemos decir con certeza que no hay discriminación a la inversión privada en este tipo de modelos”, afirmó. “El escenario que plantea el gobierno mexicano, de no tocar ninguna coma del tratado, permite que siga experimentando con estos mecanismos”, subrayó.
En el panorama general, el académico considera que los riesgos de disputa energética son secundarios frente a las prioridades comerciales de Estados Unidos, como el contenido regional en el sector automotriz o los salarios en México.
